|
Fernanda García 2008-07-07 21:34 |
|
|
|
Archibaldo Uriarte: "Estoy orgulloso de ser vasco"
"Estoy orgulloso de ser vasco”, es la primera frase de Luis Archibaldo Uriarte, antes de empezar a explorar los primeros pasos de sus ancestros en tierra chilena. Actual presidente del Centro Vasco de Valparaíso -”Eusko Etxea”- cargo que ocupa desde hace 13 años, tiene a buen resguardo antiguos documentos que dejan constancia del momento histórico del arribo de su padre Juan Jesus Uriarte Ugalde a Chile.
Nacido en Bakio, un pueblito de la provincia de Bizkaia, desembarcó en Valparaíso en 1925, según consta en el certificado emitido por el consulado de Chile en Bilbao que registra el zarpe del vapor Cabo Polonio hacia estas latitudes el 11 de enero del año 25. Solo, abordó la nave dejando atrás a una numerosa familia compuesta por sus padres, Juan José Uriarte Rentería y Rufina Ugalde Abio, y a sus seis hermanos menores: Teresa, Julita, Irene, Pedro, Faustino y Rufina. El puerto de destino era Buenos Aires para luego radicarse en Valparaíso. Antecedentes escritos dan cuenta de que Juan Jesús nació el 13 de enero de 1911. Él mismo cuenta que cumplió sus 15 años en el barco, lo que no es menor atendiendo a que en ese entonces regía una ley en España que dictaba que ningún varón mayor de esa edad podía salir del país, ya que el deber de los jóvenes era cumplir con el servicio militar obligatorio, régimen que se prolongaba por cuatro años. En esa época España estaba en guerra con varias colonias y los conscriptos eran destinados a Melilla, en África. Más que morir en combate, muchos caían abatidos por las epidemias y enfermedades que pulularon las dos primeras décadas del siglo pasado y que diezmaban a los ejércitos. Por eso las familias que podían evitar que sus hijos fueran sometidos a este trance lo hacían, enviándolos al extranjero a edades aún tempranas. Pero no era ésta la única causa de inmigración de los jóvenes españoles. También la institución del mayorazgo los obligaba a buscar otros destinos, pues en virtud de ella el primogénito heredaba los bienes de la familia a fin de que no se dividiera el patrimonio. Eso hacía que los hermanos menores, llegada una determinada edad, dejaran su caserío para forjar su propio futuro.
Tierra de labradores
Los caseríos en el País Vasco son las extensiones de tierra en los que trabajaba la familia; el de Juan Jesus era Makuena, ubicado en el barrio Urquizaur de Bakio, en el que tenían crianza de animales y se dedicaban a la agricultura. A los 14 años él ya era labrador, y al igual que sus hermanos tenía funciones que cumplir, ya fuera ordeñar las vacas, alimentarlas, limpiar los establos o encargarse de los pastos. Tarea de los hermanos mayores era ir a vender a la feria lo que se cosechaba y de eso vivía la familia. Todo esto quedó atrás cuando optó viajar a este lado del mundo, atendiendo el llamado de otros parientes que años atrás ya se habían afincado en Valparaíso. Por eso, cuando Juan llegó ya tenía trabajo en la fábrica de un tío, también de la línea genealógica, los Picó y Uriarte, quienes le ofrecieron un trabajo estable y la esperanza de mejores horizontes. El negocio era de uniformes escolares. Posteriormente se integró a las tiendas “Las dos campanas” y “Sastrería Uriarte”, de la calle Victoria.
Tradicionalmente los jóvenes inmigrantes pasaban por este mismo proceso. Una vez que se enrielaban en algún oficio, se independizaban y a su vez empezaban a requerir gente de confianza, para lo que traían a otros familiares. Así se fue armando la cadena migratoria que se prolongó hasta la llegada del emblemático Winnipeg.
Compañía fraterna
Pero antes de eso, arribó Faustino, el único hermano de Juan Jesus que emigró a Chile, también con un sólido espíritu emprendedor. Fue en el año 1935 y se convirtieron en hermanos inseparables, pese a que el recién llegado se instaló a trabajar con otro inmigrante vasco, Ramón Ibarra, propietario de la famosa joyería “El faro” situada en la calle Independencia. Los hermanos estaban muy unidos, por lo que empezaron en conjunto a frecuentar los encuentros que organizaba la colonia. También participaban de los eventos deportivos y los hobbys que unían a los jóvenes, en especial la caza, aunque no faltaban los torneos de básquetbol a los que convocaba la Unión Española de Deportes. Esa era la manera en que tanto Juan como Faustino pasaban los días cuando no estaban anclados en sus oficios a los que se dedican por entero en horarios de trabajo, incluso llegando a veces a dormir en los mismos mesones en los que se desempeñaban, impulsados por el espíritu de salir adelante y tener un buen pasar a modo de compensación por haber tenido que dejar sus seres queridos y tierra de origen.
Más que cazar, disfrutaban de largas jornadas al aire libre, para después recomponer el cuerpo bajo los efectos de una buena cazuela. En principio, todos vivían en pensiones donde se juntaban los amigos a compartir experiencias e improvisar algunas fiestas.
Amor a primera vista
Durante su estadía laboral en la tienda de la calle Victoria, Juan Jesús empezó a tener una motivación adicional para ir a trabajar. Veía pasar todos los días a María Adriana Araya Riffo, alumna de la escuela de Enfermería que quedaba en el Hospital de Niños, en calle Uruguay con Hontaneda. Decidió averiguar su nombre para entablar un diálogo, estrategia que terminó frente al altar en 1944, luego de un breve noviazgo, y que dejó también atrás al seductor de ojos azules, bueno para la farra y la fiesta. Y es que Adriana lo cautivó tanto que cuando ella aceptó ser su esposa, él le prometió que después de casados sepultaría definitivamente su espíritu de conquista al igual que el tras noche para dedicarse por entero a su familia. Y así fue; cinco hijos nacieron, entre ellos Luis Archibaldo Uriarte Araya, el tercero, bautizado con el nombre de su tío, el hermano menor de María Adriana que falleció en un trágico accidente pocos días antes de que ellos contrajeran matrimonio. La promesa fue que al primer hijo del matrimonio le pondrían su nombre, Luis Archibaldo, lo que no se pudo cumplir porque primero nació Myriam del Pilar. Luego vendría un varón, pero en esa oportunidad Maria Adriana le pidió a su marido que respetaran la tradición vasca de llamar al primer hijo varón por los nombres de sus dos abuelos, entonces la guagua fue bautizada Juan José; hasta que llegó el tercer miembro de la familia, Luis Archibaldo. Después vendrían Adriana María Rufina y, finalmente, Manuel Jesús, los cinco hijos nacidos en un lapso de seis años, por lo que en el Hospital Carlos van Buren los padres eran ya conocidos como “clientes frecuentes”.
Instalados en Recreo
Ya antes de su matrimonio, Juan Jesus y María Adriana habían comprado una casa en Recreo, en la calle Balmaceda. Espaciosa, numerosa en habitaciones y muy bien situada, no la habitaron hasta que empezó a crecer la familia. Mientras tanto, seguían viviendo en el cerro Bellavista, donde nació la primera hija. No demoró mucho la familia en mudarse a Recreo y hasta el día de hoy se precia de ser un clan unido, que como todos tiene momentos de dolor. Juan Jesús falleció en mayo de 1976, a los 65 años, sin cumplir con su propósito de volver algún día a su patria. A partir de eso, Archibaldo estableció como uno de sus proyectos viajar y conocer a su familia vasca, sueño que hizo realidad el 2001.Cumplió su anhelo de visitar Bakio, pueblo natal de su padre, a orillas del Mar Cantábrico, recorrió su hermosa playa, el camino costero y en, forma especial, la ermita de San Juan de Gaztelugatxe. Archibaldo recuerda que cuando él y sus hermanos estaban pequeños, su papá les contaba que antes de viajar a Chile, sus progenitores lo llevaron a despedirse y encomendar su futuro a la ermita de San Juan. Lo interesante es que Adriana, allá por los años 50, encontró en una casa de remate de Valparaíso un óleo de la ermita, el que hasta ahora ocupa un lugar preferencial en el departamento que habita Adriana Maria, aún instalada en Recreo. Archibaldo realizó su vida laboral en el antiguo Banco Sud Americano, adonde llegó muy joven. Luego de 25 años jubiló y actualmente está dedicado al corretaje de propiedades. Tiene cuatro hijos: Paz Alejandra, ingeniero en alimentos y mamá de Arantzazu, su única nieta; Alvaro, ingeniero en construcción, actualmente reside en Bilbao luego de hacer un máster en Administración de Empresas en la Universidad de Mondragón en Irun. Sus hijos menores son Macarena, estudiante de Periodismo y Felipe Gonzalo, en primer año de Derecho, ambos en la Universidad Adolfo Ibáñez.
Tradiciones
A todos, Archibaldo ha transmitido sus tradiciones. Recuerda que cuando su padre era joven, tanto él como otros inmigrantes tenían la necesidad de reunirse y así nació la idea de crear el Centro Vasco en el año 43. Tiraron líneas y surgió “Eusko Etxea” Casa Vasca de Valparaíso, como centro de reunión y cuyos estatutos llamaba a congregar a la familia vasca para el conocimiento y la ayuda mutua, así como a mantener vivo el amor a las tradiciones de su origen y estrechar lazos con los chilenos-vascos; además, cultivar las artes en general y mantener el idioma euskera por ser el hecho diferencial del alma vasca, cuidando su estudio, práctica y perfeccionamiento. Juan Jesús no fue dirigente, pero participaba activamente de las fiestas y tradiciones, siendo una de las principales el Día de San Ignacio de Loyola, el 31 de julio, y el Día de la Patria Vasca. El establecimiento se inauguró en mayo de año 1943 y funcionó en una vieja casona de la calle Freire, al lado de los Baños del Parque, en la que hubo mucho vínculo con los inmigrantes avecindados en Santiago hasta que un siniestro, el año 70, acabó por reducir el entusiasmo a cenizas. En los 80 otro grupo retomó las actividades, pero no duraron más de cinco años. Posteriormente, tras un reportaje en la prensa el año95, edición dedicada al País Vasco, renació la inquietud por reagruparse y se propuso la creación de una asociación de profesionales. Hicieron una primera reunión en el Centro Cultural en la avenida Libertad en Viña delMar la que fue altamente concurrida. Así nació la idea de retomar la personería jurídica y se nombró una directiva provisoria en la que se eligió como presidente a Archibaldo Uriarte a fin de organizar y poner en marcha nuevamente el centro vasco. De eso han pasado ya 13 años en los que se mantiene como presidente, cargo que aprecia pero que también le exige mucho tiempo y constancia. Sin embargo, uno de los grandes logros ha sido cumplir con uno de sus máximos objetivos, la edición de un libro que recoge la experiencia de los vascos en Valparaíso recientemente publicado y que se sumó a la colección “Urazandi” (allende los mares) que plasma la historia de los vascos
Visita la página del Centro Vasco de Valparaíso.
A project by the Basque Studies Society
Aupatu
Zabaldu
del.icio.us
Digg
Google
Technorati
Yahoo