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Arturo Martínez y Diego Errandonea 2008-04-16 16:32 Last modified: 2008-04-17 08:42 |
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Vitoria-Beijing: primeras etapas en tierras galas
Ahora mismo se encuentran pedaleando rumbo Saint Foy La Grande, a 73’66 kilómetros de Burdeos, donde finalizó la etapa anterior. A continuación el relato de cuál ha sido la etapa más dura hasta el momento.
Saint Foy la Grande - Arcachon. 79'34 kilómetros.
¿Una mañana soleda?. En fin que nos levantamos a las 8:30 y nos pegamos el atracón con la comida de anoche. Cereales para Diego, chocolate, plátano y te para mi. No tenemos leche porque ayer domingo se nos pasó. Las vistas desde el bungalow no son muy buenas y solo nuestra vecina distrae la mirada.
Salimos como un tiro y llegamos a Parentis en Born en un abrir y cerrar de ojos. A partir de aquí será otro cantar. Nos hemos desviado por la izquierda del mapa de Francia (coger un mapa y fijar la vista en el oeste francés) para coger una carretera que va paralela a la línea de costa. Hemos atravesado Biscarrosse. Un pueblo de aire tranquilo, con la iglesia de San Martín (me quedo con la pared de piedra del interior y Diego con la calma y las luces). Un pequeño texto nos habla de la historia de este Santo que en el momento de visitar la ciudad de Amiens se encontró con un vagabundo semidesnudo implorando caridad. Al no tener dinero cortó con la espada la capa en dos y le ofreció una parte.
Después de reponer fuerzas nos dirigimos hacia Pyla Sur Mer. Una carretera entre pinos y dunas. Subidas y bajadas que merman algo la moral. Hasta entonces la climatología iba siendo buena. A partir de entoncés se convirtió en el peor de los días. Un poco antes de llegar a la Duna de Pyla, la más alta de Europa comenzó a llover y no paró hasta que entramos en Arcachon. Según la leyenda esa misma noche Jesucristo se le aparece en sueños con el mismo trozo de tela.
Por unos minutos me convertí en un turista más. Dejé la bici y ascendí por las escaleras de plástico hasta la cima de la Duna. A un lado, un paisaje arbolado, al otro, el océano Atlántico. Llueve y la gente no aguanta mucho en la cima pero por aquí y por allí hay críos que se tiran por las laderas de la duna. El lugar merece la pena ser visitado. Saco la cámara como puedo y saco unas cuantas fotos. Antes de volver a guardarla tengo que limpiarla. El agua alcanza la lente y no se puede sacar una foto más.
Abajo, junto a un tenderete de souveniers me espera Diego. El ha visitado la duna hace unos años y la verdad es que viendo el panorama no merece la pena subir. Me sacudo la arena húmeda de los zapatos y seguimos por el bici carril hasta Arcachon.
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