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Henrike Knörr
Vitoria-Gasteiz, Euskal Herria.
2005-05-12 13:25
Last modified: 2005-05-12 16:49
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A propósito de Joan Coromines (con una carta suya a Antonio Tovar)

El II Curso de Verano de Aramaio (1-4 de julio), organizado por la Diputación alavesa y el Ayuntamiento del valle, con la colaboracoión de la Universidad del País Vasco, me ha dado la oportunidad para hablar del sabio filólogo catalán Joan Coromines (1905-1997), uno de los grandes romanistas del siglo XX, y al mismo tiempo alguien que tanto hizo por desentrañar problemas de nuestro léxico y de nuestra toponimia...
Hay que mencionar ante todo los materiales relacionados con el euskara que se encuentran en su monumental Diccionario crítico etimológico de la lengua castellana (1954-1957). Esta obra, como es sabido, tuvo una segunda edición, muy ampliada, llevada a cabo con la ayuda de José Antonio Pascual y titulada Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico (1984-1991). Koldo Mitxelena, siempre atento a lo que de bueno (y de malo) se editaba, saludó alborozado la aparición de aquel gran diccionario, donde se podía seguir el rastro de cientos de palabras vascas, y le dedicó tres reseñas en el Boletín de la Bascongada, reseñas recogidas en la  imprescindible colección de artículos del lingüista vasco, Sobre historia de la lengua vasca (1988). No hace falta decirlo, el diccionario de Coromines fue el principal (aunque no el único) modelo para el Orotariko euskal hiztegia / Diccionario general vasco, cuyo primer volumen apareció al poco de morir Mitxelena en 1987 y se acerca a su fin bajo la dirección de Ibon Sarasola. Y probablemente el diccionario de Coromines fue el principal responsable de que Mitxelena abandonase definitivamente la idea de editar una revisión del diccionario de Azkue (1905-1906), para emprender el suyo propio.

No es menor quizá la huella de palabras vascas en el otro gran diccionario de Joan Coromines, Diccionari etimològic i complementari de la llengua catalana (1980-2001).

Por lo que toca a la información que nos proporcionan los nombres vascos de lugar, de dentro y fuera de Vasconia, debemos mencionar en especial las dos grandes obras de Coromines: Estudis de toponímia catalana (1965-1970) y Entre dos llenguatges (1976-1977). Era y es arriesgada la tentativa de buscar raíces vascas, sobre todo en la toponimia de los valles pirenaicos, pero Coromines no se amilanaba, y a la vista están sus aciertos, como la identificación del Taüll de Lleida con el Atauri alavés, si bien no son pocos los puntos en que hoy sabemos erró.

Joan Coromines tenía una predilección por el euskara, que llegó a dominar, incluida la bibliografía filológica fundamental (Schuchardt, Azkue, Gavel, Mitxelena, etc.). Y no puede extrañarnos que aceptara agradecido el nombramiento de académico honorario de Euskaltzaindia, en 1994, en tanto que había rechazado doctorados honoris causa y otras distinciones, incluso de las tierras de habla catalana. Nunca olvidaré lo que me dijo por teléfono, al poco de recibir la carta de Euskaltzaindia: aquel nombramiento lo consideraba un honor sólo comparable al doctorado honoris causa por la Sorbona.

El hombre y una negativa (más)

Pero la ciencia no puede ocultarnos al hombre, un gran catalanista, un fervoroso republicano, profundamente antifranquista. Ello explica, entre otras cosas, algunas de esas negativas que acabamos de citar, junto con otras, como cuando declinó aceptar la Gran Cruz de Alfonso X El Sabio en 1982, con una carta al rey, o el rifirrafe, en 1989, con Jorge Semprún, a la sazón ministro de Cultura, cuando le concedieron el Premio Nacional de las Letras Españolas.

Al hilo de esto, traemos aquí una carta que ha cumplido treinta años, pues fue escrita en 1973, en la antesala de la desaparición del dictador. Se había producido una vacante en la Real Academia Española, y Antonio Tovar (1911-1985), destacado lingüista y vascólogo, también miembro honorario de Euskaltzaindia, se dirigió a su amigo Coromines para que aceptara ser candidato a miembro de aquella institución. Coromines (que aún firmaba Corominas) le respondió con esta carta, que no necesita más comentario, salvo que el libro del que se habla es Homenaje a Antonio Tovar ofrecido por sus discípulos, colegas y amigos (1972)."

“Barcelona, 25 de marzo de 1973

Sr.D. Antonio Tovar
Madrid

Mi querido amigo:


En primer lugar le doy gracias anticipadas por el envío, que me anuncia V., de su Homenaje, y reitero mi cordial felicitación por la merecidísima fiesta que con él le han dado.
Y paso en seguida al resto de su carta del 4. Ante todo, muchas gracias, de veras, por el alto aprecio que me demuestra V. Viniendo de V. esa propuesta en verdad me ha satisfecho y aun halagado.
De ninguna manera haga V. nada de esto. Podría yo excusarme diciéndole que dudo que su propuesta prosperara. Creo que tendría razón en decirlo, y hay algo de que todavía estoy más cierto, y es que yo no deseo honores, sino el adelanto de la ciencia y el bien de mi país, de modo que aun si se tratara por ejemplo de un doctorado honoris causa de una Universidad, no sé si lo aceptaría, y desde luego no si no fuese de una universidad importante.
Con V. debo ser franco y me expresaré lisa y llanamente. Por una decisión temeraria y alocada –tomada hace un par de siglos, por imitación extranjera- existe una guerra sin cuartel entre las lenguas de España: guerra unilateral, las demás se defienden como pueden.
Y yo soy franco: yo no tengo más que una lengua, ni quiero más que a una. A ésta los que obran en nombre de la otra se obstinan en el empeño insensato de negarle todo medio de defensa e ilustración; es más: en rehusar a los niños y a los hombres que la hablan el derecho a ser educados e informados en la propia, se empeñan en esa horrenda capitis deminutio de la inteligencia y de la dignidad humana.
De nuevo, seamos todos sinceros: quítense allá ellos con la paparrucha de que lo otro no está prohibido, o con la infame calumnia de que hay catalanes que no lo quieren. El que se haga hipócritamente, con métodos jesuíticos y eficaces, no hace más que agravar un ultraje.
Y ¿aceptaría yo una parte en la misión de dar lustre y esplendor a la otra?
Créame V., amigo Tovar: no habrá en España paz moral ni cohesión nacional, mientras no pongamos fin a esa guerra entre las lenguas, haciendo que el Estado enseñe a los niños y a los jóvenes en la lengua de cada uno, y renuncie a poner trabas a la información en catalán y en las demás.
En el terreno científico todo cambia, entre otras razones porque el catalán y demás minorías pueden dar tanto como reciben, y me parece que siempre han colaborado. Ahí, naturalmente, yo he sido siempre partidario de la más decidida cooperación. En la ilustre Academia en cuyo nombre o con referencia a la cual me habla V., les consta, por hechos, que es así; a V., en particular, le he dado pruebas. Y así ha de seguir. Honores, viniendo de la lengua castellana, no quiero ninguno.
Si le resultase molesta esta carta, lo sentiría, pero hay unas pocas cosas en la vida en que el único deber para con los amigos, es una completa, ruda y leal franqueza.
En lo demás sabe V. que puede mandar siempre a su amigo

                                                                                 Joan Corominas

    
Acaba de llegar su homenaje. ¡Hermoso tomo!”.
Copyright © 2003 - Henrike Knörr. Fecha de creación: 2003-11-08

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