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Las relaciones
Es bueno que se contrasten opiniones divergentes, se discutan y defiendan posturas y se propongan alternativas. Con calor, con vigor, con rudeza incluso, pero con serenidad y capacidad de escucha. Cuando no se abre un espacio de libertad, de mutuo respeto y comprensión no es posible un proyecto común.
El plantearse un logro en común es como iniciar un viaje en grupo. Solos avanzaremos más, pero en compañía iremos más lejos. A todos los que inician el viaje les interesa llegar a su término. Prefieren estar en ese puerto que esperan alcanzar que en el lugar en el que se encuentran. Y les interesará, posiblemente, por motivos diversos, no uniformes, no coincidentes. Pero sí les interesara a todos llegar bien a la meta.
Muchas veces se nos dice que no podemos entender una cuestión porque es harto compleja para nosotros. Bien porque sea cuestión que solo los iniciados pueden entender en toda su amplitud, o porque nuestro nivel de inteligencia no llega a estar a la altura requerida. En realidad, las más de las veces, es la incapacidad del ponente la que no está a la altura de la calidad requerida para su articulación y desarrollo. Ya lo decía Nietzsche: “Enturbian el agua para que parezca más profunda. El profesor arrogante interpone su palabrería por delante la ciencia a la que en el fondo quiere suplantar el protagonismo, como ese guía charlatán que tapa con su corpulencia y su gesticulación el retablo o la capilla que nos está explicando”.
No deja de ser apasionante y enormemente productiva la diversidad humana. Posiblemente es un elemento decisivo de la evolución y éxito del género.
Pero hay problemas de adaptación organizativa y de adecuación de los valores y culturas empresariales y sociales. El perjuicio que el modelo jerárquico inflige a la hora de plantearse comportamientos de dialogo en vez de la obediencia y el acatamiento son enormes.
La burocracia que conlleva, en las modernas estructuras organizativas, la jerarquía genera incompetencias increíbles. Más de la mitad de los puestos de trabajo no vinculadas a las operaciones operativas (la mal llamada mano de obra indirecta) no genera ningún valor añadido. Simplemente realizan operaciones de control, labores de administración para mantener la burocracia, recopilar datos e informaciones del pasado que se utilizan para transformar y adaptarse al futuro sino para repetir con mayor perfección los viejos esquemas y los pasados errores. La gente que se sumerge en esta “sopa caliente” de vueltas y revueltas sobre el mismo eje no comprende que sus vidas se encadenan al barro que se forma en su corral en vez de volar hacia las alturas. Al final son personas limitadas, temerosas y cómodas que sienten vértigo al ponerse de píe.
La adaptación organizativa es imprescindible e ineludible. No se ha dado aún el paso cualitativo histórico de pensar en una organización formada por y para personas adultas y autónomas (es decir con criterio propio). Desgraciadamente somos tributarios de un modelo pensado para dirigir animales domesticados a los que el hombre comenzó a sustituir en sus tareas pero sin que se le permitiera llevar encima su dignidad. No hemos hallado la forma de crear estructuras con personas organizadas, nos hemos quedado estancados en las organizaciones de personas, es decir adjudicamos el título de sujeto a la organización y adjetivamos a las personas.
La capacidad más relevante de las personas es la de adaptarse a las circunstancias y al cambio, es decir su capacidad de innovar (eso lo dice todo el mundo) pero también, y sobre todo, de innovarse.
Es en este punto donde tenemos que introducir la reja nuestro arado para comenzar a labrar un nuevo campo donde se siembre la semilla de las personas organizadas, libres y adultas tras proyectos compartidos. Personas emocionadas por grandes ideas.
Decía un sabio que debemos cuidar mucho con los objetivos que nos proponemos en la vida porque quizás tengamos la fatalidad de conseguirlos.
A project by the Basque Studies Society
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Muy buen artículo
Ahora mismo, en esta cultura jerárquica, las relaciones parecen basarse sobre todo en medir las fuerzas y la posición de cada persona que nos rodea para conocer quién saldría ganando en una confrontación. Siento muchas veces que es así, así de triste y de real. En lugar de cooperar, se trata de competir, y competir de forma que sólo una persona es la que gana y las demás quedan excluidas y, por lo tanto, sometidas a la jerarquía del ganador (o en raras ocasiones, ganadora).Son estructuras artificiales, sin conexión con la emocionalidad, y raquíticas, con pobre nivel intelectual, y nos tienen todo el día en "el barro del corral", muy buena expresión. También me gusta esta fina observación: "No hemos hallado la forma de crear estructuras con personas organizadas, nos hemos quedado estancados en las organizaciones de personas, es decir adjudicamos el título de sujeto a la organización y adjetivamos a las personas."
Es palpable que las relaciones son la clave, como dice Koldo Saratxaga, a quien me recuerdan algunas de tus palabras. Pero es que la jerarquía ni siquiera nos permite tener en nuestra mente ni en nuestro vocabulario la idea de "relación" con una persona en nuestra organización.