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¿Qué podemos esperar los jóvenes del futuro?
Recuerdo una escena de la película “La gran prueba” en la que una familia de cuáqueros pacifistas durante la Guerra de Secesión americana corre el riesgo de que su granja sea invadida por una partida del ejercito sureño. Los padres siguen firmes en sus convicciones de no intervención en la lucha, de no responder a la violencia ni siquiera argumentando la legítima defensa. Pero el hijo adolescente (Anthony Perkins) decide alistarse y acudir a defender el Condado. En una dramática escena la madre, que no puede convencer a su hijo de que se quede en casa, pide al padre (Gary Cooper) que le prohíba ir al campo de batalla, a lo que este responde “Sólo soy su padre. Cada persona es dueño de su propia conciencia y debemos respetar su decisión. Aunque no nos guste, aunque no lo comprendamos”. Y el hijo de aleja de la casa.
Esa es la suprema prueba del adulto: ser dueño de su propio destino. Y ese es el límite de los padres, de los educadores.
Lo primero que preguntan los arquitectos a quien les encarga el proyecto de un edificio es ¿Tienes claro lo que quieres hacer? El arquitecto contribuye con su técnica y su conocimiento pero es el propietario quien decide la finalidad, el cuanto y el cómo y en esa tarea nadie le puede sustituir.
Proyecto de Eusko Ikaskuntza /
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