|
|
Jardineros de nuestro jardín
Disponemos de plantas, de herramientas, de habilidades y de sensibilidad para hacer con esos medios lo que queramos. Hay flores y hay espinas, hay hierba y sol, sin olvidar la lluvia, el viento, el pedrisco y la nieve blanda, suave y fría que todo lo cubre. Contaremos con estaciones climáticas, con días y con noches. Podemos plantar una sola variedad de plantas o, si lo preferimos, destinar parte a flores, otra parte a huerta, a césped o a campo de juegos.
Cada planta necesitará de un cuidado específico, algunas necesitarán de riego y otras de abono, unas crecerán y requerirán de soportes o para que no se tumben en el suelo, otras surgirán bajo tierra y habrá que sacarlas cuando maduren. Unas serán resistentes y otras vulnerables. Y todas exigirán un tratamiento “personalizado”. Vamos a citar algunas de estas plantas de nuestro jardín: conocimiento, voluntad, responsabilidad, amabilidad, rigor, honestidad, laboriosidad, sinceridad……
Es curioso pero algunas de estas plantas no son sino semillas cuando nos encargan del jardín. No son muy grandes, apenas las podemos coger con los dedos pero tienen un poder inmenso para crecer y desarrollarse en buena tierra si se las riega y abona. Son los proyectos de vida, los frutos del futuro. Nadie puede recolectar lo que no ha sembrado en este jardín particular. Parece una maldición pero, en realidad, es una promesa.
Si nos inclinamos por un jardín múltiple, con muchas clases diferentes de flores, de árboles, de parterres o de frutos tal vez nos perdamos en la diversidad o descuidemos algunas partes del huerto. Si, por el contrario, nos limitamos a una sola especie el huerto nos parecerá triste y monótono.
Aradas las tierras, plantadas las semillas, perfilados los surcos para el regadío, muchos jardineros se impacientan porque no florecen las plantas. No saben que uno de los factores que más importancia tienen en el fruto es el tiempo. El tiempo domina la vida, la sujeta a su ritmo y no permite que se incumpla su ley impunentemente. El precio que se paga por la precipitación, por querer acelerar el beneficio es la medianía, la inmadurez, el feto viscoso que no logra estar en sazón. La paciencia es un factor de eficacia y de superior calidad.
Pero hay otra impaciencia que se muestra una vez que haya florecido la planta por no corresponder exactamente a lo que el precipitado esperaba. El color no es el esperado, o el tamaño no se ajusta a las previsiones, etc. Y el estúpido jardinero reniega de su flor. Tal vez haya dado con una subespecie, con una línea evolutiva que tiene grandes oportunidades de sobrevivir a las dificultades del entorno pero es segada o pisoteada por no ser lo pensado. Los buenos jardineros se felicitan de las sorpresas de la naturaleza y las aman.
En todo vergel habitan malas hierbas, en forma de miedos, complejos, inseguridades, comodidades parasitarias que contaminan a las buenas plantas. Los jardineros poco inteligentes se imponen la tarea de erradicar toda mala hierba desde la raíz, no escatiman productos químicos para matar todo atisbo de mal en su rosaleda. Y se olvidan del cuidado de las plantas buenas. Plantas que saben resistir la ponzoña de las enemigas pero que padecen las fumigaciones excesivas que las debilitan más que el ataque de las ortigas.
Finalmente los jardineros sabios tienen el acierto de construir un asiento a la sombra, resguardado entre sus plantas, en un rincón de su parque para retirarse a ver, oír, oler, tocar y pensar, es decir a reflexionar.
A project by the Basque Studies Society
Aupatu
Zabaldu
del.icio.us
Digg
Google
Technorati
Yahoo