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Juan Carlos Luzuriaga Contrera
Montevideo, Uruguay.
2009-07-23 13:58
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Los vascos y su integración en la sociedad uruguaya del siglo XIX

Esta ponencia propone un abordaje a la inmigración e inserción de los vascos en el Uruguay del siglo XIX. Hemos trabajado en primera instancia sobre la base de una somera revisión bibliografía de los títulos últimos y más significativos, una aproximación al proceso inmigratorio en el país. Luego a las transformaciones procesadas en el campo de las mentalidades. Sobre la base de lo expuesto, elaboramos una síntesis de algunas de las características mas destacadas, una propuesta de periodizacion sobre la base de cambios tecnológicos que complementa otra sobre orígenes de los inmigrantes vascos, así como la discusión de algunos conceptos vertidos sobre el tema también van a estar presentes. Finalmente en forma muy personal haremos algunas reflexiones sobre las posibles vías de análisis así como algunos aspectos y condicionantes del oficio del historiador en estas áreas. Los estudios inmigratorios que hacen al devenir del Uruguay deben enmarcarse dentro de lo que es el proceso histórico y social del Río de la Plata entre 1835 y 1955. Es nuestra intención abordar el siglo XIX, en el entendido de que el corte al finalizar la centuria es solo a efectos de acotar el estudio de un proceso con una continuidad marcada. Por otra parte, para la mayoría de los inmigrantes, al menos en buena parte del siglo XIX, era en principio indistinto arribar a Buenos Aires o Montevideo, salvo que tuvieran familiares, o fueran contratados desde una u otra orilla.

La sociedad receptora; Montevideo y la Banda Oriental en los siglos XVIII y XIX

La fundación de Montevideo es la resultante de una política defensiva y de estímulo a la población en el Plata que se implemento a partir de la renovación borbónica en la corona de España. Concebida como vigía del estuario, la pequeña ciudad creció relativamente, desde los trescientos habitantes de 1729 al millar que es reseñado por su primer gobernador, el alavés José Joaquín de Viana en 1750; no serían muchos más al principio de la siguiente década.

Como ha sucedido con muchas comunidades, la de Montevideo generó una dinámica social y económica que se alejaba de lo previsto originalmente en los propósitos de fundar la plaza. Las condiciones naturales de puerto, lo protegido y lo profundo de la bahía, estimulaban que se convirtiera en el natural punto de salida de la producción de materias primas de la Banda Oriental. [1]

El medio siglo transcurrido desde la fundación vio a los pobladores ocupados en la doble función de civiles y milicianos, carácter éste último, que la condición de frontera de la jurisdicción de la ciudad imponía. La amenaza de matreros y corsarios, indígenas y portugueses fue conjurada no sin esfuerzo por los montevideanos. Estos eran en su mayoría de humilde origen rural, peninsular o americano. Aún agraciados los modestos colonos pobladores con la concesión del trato y reconocimiento de "Hidalgos de solar conocido" [2] por la corona; la dura vida cotidiana en que las más humildes tareas eran mayoritariamente realizadas por ellos mismos, ante la ausencia de indígenas dóciles, llevó en la práctica a que esos resabios de estructuras sociales medievales tuvieran menos vigencia en Montevideo, que en sus similares del continente. Paralelamente la población se cuadriplicó en veinte años, [3] fruto de la atracción que el rápido desarrollo comercial de la ciudad promovió. Al núcleo inicial de canarios y bonaerenses se le agregaron aventureros extranjeros, desertores de los buques mercantes, marinos dependientes del Apostadero establecido en la década del sesenta, así como inmigrantes de otras regiones de España y América. Fue terminal del tráfico negrero para el Plata, desde la siguiente década, lo que facilitó que elementos africanos se sumaran a la población montevideana. Para fines del siglo los cuatro mil habitantes de 1780 se duplicaron.

El fallido proyecto colonizador de la Patagonia revirtió en el aporte de familias gallegas y asturianas. Igualmente arribaron catalanes y vascos en el momento en que se consolidó el papel de la nueva ciudad como centro comercial. A fines de siglo el apostadero de la Real Armada llegó a su máximo desarrollo; la introducción de esclavos era negocio floreciente, en suma el puerto de Montevideo se convirtió en actor principal en las actividades económicas de la Banda Oriental, extendiéndose su influencia a la otra margen del Uruguay y a las comarcas de Rio Grande do Sul.

Reseñaremos como algunas características distintivas de ésta sociedad montevideana: la escasa incidencia cuantitativa del elemento indígena y el paralelo elevado peso demográfico de los africanos. El carácter comercial de la ciudad que anticipó las expectativas generadas por Montevideo en las primeras décadas del siglo XIX, el tono militar que baluartes milicias y apostadero, dieron a la ciudad.

El proceso de Independencia significa un largo vía crucis para la sociedad montevideana. En efecto, él prospero panorama que se avistaba a principio de siglo se vio alterada por una sucesión de asaltos, cercos y bloqueos que cuestionaron su aspiración a ser la boca de salida de la producción local y regional.[4]

La indecisión de que posición tomar, cual seria más conveniente a sus intereses, llevo a oscilaciones del grupo dirigente de la sociedad montevideana, conformado con individuos vinculado al comercio de ultramar y con los grandes propietarios de tierras radicados en la ciudad.

El territorio fue origen de los postulados federales opuesto a un poder absorbente por parte de la capital del Virreinato: Buenos Aires. Estos fueron en la región enarbolados en estas primeras instancias por José Artigas. Su defensa significo el enfrentamiento y el aislamiento a lo que lo sometieron las autoridades de Buenos Aires y llevo en definitiva a que se abandonara a su suerte ante una invasión por parte de Portugal. Ocupado el territorio en 1820, siguió los avatares de la crisis del reino lusitano en América y acompaño al imperio brasileño que se estaba formando. Para 1825 un pequeño grupo de patriotas desembarca en tierras orientales y desencadena el alzamiento contra el Brasil. Ese mismo año se declara la independencia de dicha potencia y el deseo de la unión con las provincias hermanas del otro lado del Plata. En Buenos Aires, con manifestaciones populares es aceptada la unión y además se exhorta al gobierno a intervenir. La campaña militar de los rioplatenses contra el Imperio del Brasil, resulta en una serie de batallas en mar y tierra que le dan triunfos tácticos, pero no estratégicos en 1827.

La presencia de Gran Bretaña se va a evidenciar en esos momentos buscando crear un nuevo Estado en el lugar. Este interés esta cimentado entre otros motivos por un hecho que afectaba al comercio. Si el Río de la Plata quedaba como un río interior entre las riberas de un mismo estado, sus aguas no era de libre navegación y afectaban naturalmente a los intereses anglosajones. Explotando las veleidades independentistas de unos pocos y los recelos que a la mayoría inspiraba Buenos Aires, se acordó la creación de un estado independiente en la Banda Oriental, al que se le anticipaba el apoyo irrestricto de Gran Bretaña, Argentina y Brasil, para garantizar su viabilidad. La constitución jurada el 18 de julio de 1830 dio marco jurídico a la nueva entidad política. Una de sus constantes va a ser el beneficiar la inmigración.

 

 

Las condiciones naturales

 

 

Reseñaremos brevemente las características del país. Clima templado, lluvias continuas y presentes en todo el territorio apoyaban a tres cuencas hidrográficas que regulaban un adecuado régimen de aguas. Ausencia de nevadas y fríos extremos facilita las condiciones de vida y producción. El río Uruguay, era una vía comercial importante al mismo tiempo que era él limite con la Republica Argentina. Escasos conjuntos arbóreos complementaban un país con pocas elevaciones, no mayores normalmente a doscientos metros. Con estas características naturales era particularmente apto para los cultivos agrícolas con mayores rendimientos que en Europa. Asimismo constituía un hábitat muy apropiado para el ganado, tanto vacuno como lanar, reproduciéndose particularmente el primero, en estado salvaje desde tiempos de la colonia.

 

 

 

El proceso migratorio inmigratorio

 

Característica generales

En el caso de la Banda Oriental y, por ende particularmente de Montevideo, no existía una significativa presencia indígena poseedora de una avanzada cultura y el proceso de afincamiento de los inmigrantes se simplificó. Paralelamente la población europea en el siglo XIX tuvo una expansión significativa. No se trato tanto de una tasa de natalidad más elevada sino de un abatimiento de los índices de mortalidad, debido a mejoras sanitarias y alimenticias además de una sostenida natalidad rural.

El grueso de los inmigrantes[5] provino del área cultural latina; españoles, italianos, franceses, aunque también arribaron ingleses, escoceses, irlandeses, helvéticos, alemanes, austrohúngaros, eslavos. La mayoría de los inmigrantes se instalaron en las ciudades o se dedicaron a la agricultura en los alrededores de los centros urbanos. En el caso de Montevideo en el período estudiado, era factible radicarse en el mismo a cumplir tareas agropecuarias ya que, eran numerosas las quintas y chacras en los arrabales montevideanos. Señalemos finalmente que los progresos en la navegación favorecieron los desplazamientos transoceánicos.

 

Costos, riezgos y recompenzas de la emigración

 

El primer obstáculo que tenían los inmigrantes y más si se trataban de familias completas era el costo del pasaje. Muchas familias debían empeñar todos sus bienes para poder solventar los gastos del traslado. En algunos casos los inmigrantes pagaban su pasaje y manutención a bordo suscribiendo un contrato de trabajo para un patrono en América que lo vinculaba a él por tres, cinco o más años. Se desprende de esta clase de contrato, que quien lo suscribía trabajaba en calidad de semiesclavitud. Por lo reseñado, es elocuente que la decisión de emigrar implicaba por su costo una decisión trascendente para un individuo o familia en cuanto a su futuro.

Los riesgos no se reducían al albur de la aventura económica. El viaje de los puertos europeos al Plata demandaba de un mes y medio a dos, dependiendo de las escalas y los vientos. La mayoría de los inmigrantes se trasladaban hacinados en cubiertas y bodegas donde las condiciones higiénicas y sanitarias no eran precisamente las óptimas. Además muchas veces no se cumplía en alta mar lo acordado en cuanto a los alimentos a ser suministrados a los inmigrantes durante el viaje. Los más indefensos, niños y ancianos eran los más afectados por éstas condiciones de viaje; era habitual que al fin de éste, se contabilizase un macabro precio en vidas. Explicitadas las dificultades pasaremos a enumerar las posibilidades del inmigrante, los beneficios que le reportaban su radicación en el Plata.

La demanda de mano de obra superaba la oferta, por lo que su inserción laboral estaba prácticamente garantizada. Quien en su tierra, en su aldea natal no pasaba salvo expresas condiciones de ser un carpintero o albañil más, veía su trabajo solicitado y por ende sus posibilidades económicas acrecentadas. No se limitaban las ventajas a la posibilidad de trabajo, también se extendían a la remuneración. Los jornales eran fácilmente el doble del percibido por igual tarea en su comarca de origen.[6]

Para valorar en su justo termino los altos jornales, debemos recordar el costo del pasaje. Para Azcona los precios eran de unos 160 pesos, equivalentes a unos 400 francos y la misma cantidad de pesetas. [7] En onzas de oro, podían ser unas cinco. En el País Vasco pagar esa suma requería para muchos un esfuerzo mas que significativo; en el Uruguay podía ser el equivalente del jornal de algunos meses de trabajo. [8]

En algunos casos, por ejemplo en 1842, según la guía de contratos de colonos, estos adeudaban, todo el pasaje: unos 80 patacones, a ser pagados en plazos a convenir, por ejemplo ocho meses o un año. A mediados de la década del cincuenta un pasaje desde Bayona a Buenos Aires costaba cuatro onzas de oro, pagaderas dos antes y dos en seis meses. Era más propicia la emigración cuando el individuo podía desempeñar tareas artesanales de mayor especialización como ser, sastres, relojeros, ebanistas. No era Montevideo empero un lugar donde la fortuna se alcanzase con poco esfuerzo. Si bien algunos bienes eran más accesibles que en Europa, como los derivados de la carne y del cuero, otros tenían un elevado precio producto de los costos de importación y traslado desde sus lugares de origen ya que en general era escasa la producción manufacturera de la ciudad y del país; incluso en lo que a bienes de consumo popular se refiere, como es por ejemplo el caso de las bebidas. En este país el emigrante tenia la posibilidad de ocupar un lugar en una nueva sociedad que le era negado en la propia. Sus aptitudes tenían campo propicio para desarrollarse y eran valoradas. En conjunto la relación económica era favorable a las expectativas del inmigrante, [9] pero el éxito dependía - como para toda empresa humana - de esfuerzo, voluntad y fortuna.


El impacto de la inmigración

(1835 - 1875)

El Estado oriental independiente recibió un masivo aporte inmigratorio. Los canarios fueron una oleada en la década del treinta, como lo fueron de alguna manera los portugueses y como éstos no tuvieron dificultades de integración. Otro fue el perfil de la inmigración de franceses e italianos, quienes fueron los gringos por antonomasia. Debe no obstante hacerse una observación para el caso de los primeramente nombrados. El elevado porcentaje de vascos franceses, etnia periférica por lo geográfico pero también por lo social y económico con el resto de Francia matizó el conjunto y en el se diferenció del restante aporte inmigratorio galo.[10]

El alud inmigratorio desbordó literalmente a Montevideo. Si bien la emigración es pacífica, la presencia de los buques de estación de la escuadra francesa anclados en la rada y prestos con cañones y marinería a defender los intereses de sus compatriotas, era advertencia y realidad para todos - sin excluir obviamente los criollos - de las transformaciones que se estaban procesando. Los hechos políticos hicieron el resto.

 


La guerra grande: 1839 – 1851

 

Iniciado como un conflicto interno entre el presidente de la Republica en 1836, Manuel Oribe y el anterior: Fructuoso Rivera, devino en las dos corrientes políticas que se van a disputar el Uruguay del siglo XIX, blancos y colorados. Las diferencias eran mas sustantivas que distintos colores de divisas partidarias. Los colorados representaban a los sectores más liberales y más proclives a la inmigración y presencia económica extranjera. Los blancos a los sectores más conservadores y enraizados en el elemento criollo. En ambas corrientes existían elementos letrados, la mayoría abogados, grupo dirigente por excelencia, junto con fuertes comerciantes y caudillos militares, muchos de ellos veteranos de los variados conflictos que habían llevado a la independencia del nuevo estado.

El enfrentamiento circunscrito inicialmente a la orilla oriental del Plata se traslada a la otra banda involucrando a la Republica Argentina inmersa a su vez en un enfrentamiento entre unitarios y federales. Políticamente, los primeros eran liberales y los segundos coincidían en líneas generales con los blancos de la banda oriental.

Oribe el presidente constitucional obligado a emigrar a Buenos Aires recibió el apoyo de Juan Manuel de Rosas el gobernador de la Provincia y figura principal del federalismo. Al mismo tiempo los unitarios emigraron de Buenos Aires y se radicaron en Montevideo. Los dirigentes colorados buscaron aliados a su causa y les surgió en ese momento la de Francia, enfrentada por variados motivos a Rosas. Estaban las condiciones dadas para una guerra de grandes proporciones y que tuvo entre los elementos decisivos para entenderla, el Sitio a que se vio sometida Montevideo, y su gobierno conocido como el de La Defensa, entre 1843 y 1851. Cercados por las tropas blancas y federales que dominaban casi todo el resto del territorio. La defensa apoyada por franceses y británicos recibía mercaderías y subsidios por mar. Incluso se formaron cuerpos militares, denominados Legiones, una italiana y otra francesa para apoyar a los colorados.

El enfrentamiento tenía múltiples facetas entre las cuales la ideológica era una de las principales. Al respecto citaremos a José Pedro Barrán, "La lucha entre unitarios y colorados coaligados contra federales y blancos era entonces, una guerra ideológica... el hecho es que así fue sentida la Guerra Grande por la mayoría de los integrantes cultos del Partido Colorado y del unitario..."[11]

A la vez, la gravitación de los inmigrantes en el Ejército de la Defensa fue decisiva así como el apoyo de las naves y tropas desembarcadas. Al referirse a esto, el historiador anteriormente citado expresó, "Desde este ángulo, sin duda parcial pero exacto en la medida que se valore sin exagerarlo, la Guerra Grande fue también una lucha entre inmigrantes y orientales..." [12]

Para muchos seguir a un caudillo va a motivarse por fidelidad o interés, o ambas causas. Otros optaron por alinearse o con quienes de alguna manera se opusieron con determinación a lo que entendían era una agresión europea; o quienes veían en esta presencia una avanzada de la civilización.

Sobre el rechazo a lo europeo trans pirenaico, en forma casi global, la historiadora Silvia Rodríguez Villamil ha ejemplificado sobre la confrontación con el europeo, "El lento procesamiento de todo cambio en las formas de pensar y sentir colectivas nos autorizan a suponer que la mayor parte de las características observadas deben de haber estado presentes, con mayor o menor intensidad, a lo largo de buena parte de la segunda mitad del siglo XIX por lo menos..." [13]

Sobre la visión y significado para los contemporáneos, tenemos referencias ineludibles; así se expresó el unitario Sarmiento sobre el Montevideo de la Defensa,

 

"No son ni argentinos ni uruguayos los habitantes de Montevideo, son los europeos que han tomado posesión de una punta de tierra del suelo americano. Cuando sé a dicho que los extranjeros sostenían el sitio de Montevideo decían la verdad..."[14]

 

“...navegan la bahía los genoveses como patrones y tripulación de cabotaje, (...)hacen el servicio de changadores robustos vascos y gallegos...”

 

El político unitario argentino, un adalid del liberalismo en el Río de la Plata, agrego mas adelante,

“...los vascos por sus anchas espaldas y sus nervios de fierro explotan por millares las canteras de piedra (...) todos los idiomas viven, todos los trajes se perpetúan haciendo buena alianza la roja boina vasca con el chiripa[15] . Descendiendo a las extremidades de la población, escuchando los chicuelos que juegan en las calles, se oyen idiomas extraños, a veces el vascuence que es el antiguo fenicio, a veces el dialecto genovés...[16]

 


El rechazo al extranjero

 

La rivalidad entre inmigrantes y criollos se movía en dimensiones ideológicas, pero también en el campo de lo emocional, lo subjetivo. Así lo percibe Rodríguez Villamil, "Las causas profundas de esta situación de conflicto eran desde luego... muy complejas... Se trataba sin duda del enfrentamiento de dos mundos totalmente distintos; vistos desde la perspectiva del criollo, de la invasión de un mundo que era suyo y familiar por parte de seres extraños que nada tenían que ver con la suya. Tal vez otro ingrediente fuese una cierta envidia frente a los resultados prácticos del inmigrante..."[17]

Los artesanos, los jornaleros orientales, sufrían la competencia en el mercado de trabajo del extranjero, más industrioso, más hábil, con un olfato económico más sensible que el criollo. Es en los sectores más modestos donde se manifestó el rechazo instintivo a lo europeo. [18]

Sí era difícilmente asimilable la mentalidad del gringo para el nativo, era igualmente difícil para el primero entender las motivaciones y actitudes del criollo. Para el inmigrante la sociedad fuera de los arrabales de la ciudad era sinónima de barbarie, de salvajes e inferiores. Vale decir que el mismo concepto lo tenían los intelectuales criollos de la Defensa.

Ellos compartían con los inmigrantes - al menos - una adhesión a lo que se ha llamado "los principios abstractos de Libertad". Este sentimiento tenía sin duda una considerable difusión en una Europa en la que crecientemente se socializaban pautas ideológicas al compás de una cultura de masas que no tenía parangón posible en el ámbito platense. [19] Un halo romántico e idealista teñía marcadamente las actitudes de individuos que, sentían protagonizar en suelo americano un combate iniciado en Europa. No era un acicate menor que relevantes figuras como Garibaldi y Alejandro Dumas tomaran partido por la Defensa en forma militante. [20]

Las distancias mentales no se circunscribían únicamente a valoraciones políticas o emotivas, también abarcaban una cosmovisión social y económica que era lúcidamente apreciado por los contemporáneos, al respecto es gráfico lo que observara un espectador privilegiado, el recurrido Sarmiento,

 

"...el gaucho oriental con su calzoncillo y chiripa, afirmado en el poste de una esquina, pasa largas horas en su inactiva contemplación, atúrdelo el rumor de carros y de vehículos... y aturdido y desorientado en presencia de este movimiento en que por su incapacidad industrial le está prohibido tomar parte, busca en vano la antigua pulpería, en que acostumbraba a pasar sus horas de ocio..."[21]

 

Concluida la guerra con la paz de Octubre de 1851 en los hechos predominaron las ideas del Gobierno de la Defensa, más allá de la conocida frase de "Sin vencedores ni vencidos", es portadora intrínseca del modelo político y económico y por qué no mental, centralista, unitario y, por tanto europeizado. Seríamos injustos no obstante, según nuestro concepto, si no contabilizamos en él haber de los defensores del Cerrito, el mérito no menor de impedir la materialización de cualquier propósito de establecer un protectorado con visos más formales, idea que en algún momento acariciaron los círculos políticos de París.

La inmigración se acentuó luego del fin de la guerra. La confrontación de mentalidades continuó. El período de relativa paz que se abre hasta mediados de la década del sesenta, alienta el arribo de inmigrantes europeos. El rechazo del extranjero continuó, pero no alcanzó la virulencia expresada por la Guerra Grande. La diferencia de los modelos socioculturales enfrentados, en una confrontación cualitativa en lo referente a logros prácticos, e incluso cuantitativa cuando se toma en cuenta la aluvión de inmigrantes que duplicó la población de Montevideo en menos de diez años inclinó decisivamente el fiel de la balanza en aras de una "sociedad trasplantada" según la acertada definición de Darcy Ribeiro.[22]

Mes a mes, de año en año la correlación se volvía más favorable a la asimilación de la propuesta expresada por la inmigración. El rechazo igualmente persistió. Pese a lo dicho, día a día, inmigrantes y criollos se parecían mas entre sí.

En la medida en que desde fines de la Guerra Grande se procesó el relevo del patriciado de origen colonial como clase dirigente y rectora al menos económicamente, por elementos de origen extranjero, o hijos de inmigrantes, en una transformación lenta pero segura, que insumió un par de generaciones, el rechazo al extranjero libró combates de retaguardia en la cual la permeabilidad de la sociedad montevideana dio nuevas muestras de su ductilidad. Paralelamente a su inserción en el medio criollo se dio su adhesión casi unánime al Partido Colorado, en lo que hace particularmente a la colectividad italiana.

 

El establecimiento de los inmigrantes en el siglo XIX

 

Un sostenido y crecido aporte inmigratorio que alcanzó valores explosivos luego de finalizada la Guerra Grande, caracterizan al período.

Como una madera que se embebe asimilando las masivas manos de pintura, así la sociedad recibía oleada tras oleada de inmigrantes. La duplicación de la población montevideana [23] entre las estimaciones del año 1830 y los números del censo de 1860, reflejan el transformador flujo inmigratorio que duplicaba la población de la ciudad pese a los años en que estuvo sitiada y en realidad, en forma efectiva desde el fin del conflicto en 1851, a la realización del censo mencionado.

La aluvión de rostros nuevos, de lenguas y costumbres distintas, se enseñoreó de la ciudad. Orientales e inmigrantes se influyeron mutuamente. Para muchos de éstos últimos Montevideo significaba una nueva vida, en su expresión literal, una posibilidad de canalizar sus ambiciones y habilidades en una sociedad de inmigrantes en la cual los méritos y condiciones propias relegaban a un plano secundario su nacionalidad, o lo que es más importante aún, su origen social.

Artesanos, jornaleros, pequeños comerciantes, los inmigrantes son mayoritariamente hombres jóvenes y sin familia, en los primeros años de las décadas del treinta y del cuarenta. Luego, la atracción del Río de la Plata en su conjunto llevó a que los inmigrantes decidieran trasladarse en forma de familias íntegras, con la explícita intención de radicarse definitivamente. Muchos traían así formada su pareja desde su tierra natal, y de esta manera sus pautas, suponemos, eran las de los hogares de origen campesino o urbano europeo en líneas generales. Empero, otras parejas se formaban en la unión de inmigrantes con orientales. En esta circunstancia seguramente otras motivaciones surgen complementando las tradicionales de conveniencia o interés pecuniario, en el momento de formar una pareja. Es que en definitiva, que podía unir sino el afecto, el amor, a quienes nada tenían para acrecentar en un matrimonio y a los que valía poco especular sobre origen social o nacional en el marco de una nueva vida, un nuevo nacimiento que, consciente o inconscientemente se planteaba en los sentimientos del inmigrante.

La presencia de nuevos pobladores en la ciudad y los cambios que promovían se acentuaron en relación directa al incremento del aporte inmigratorio. Paralelamente a este aumento se da la radicación de familias completas, pero que difícilmente fueran las multigeneracionales que dejaban muchos en su tierra natal. No creemos que se diera una situación de aislamiento de las etnias emigrantes, pero sí que estas dada su importancia cuantitativa pudieran manejase con cierta autonomía en prácticas comunitarias y mantener algunas de sus costumbres y tradiciones. Un ejemplo de esta solidaridad inmigratoria se plasmó en las sociedades de socorros mutuos, algunas de las cuales están en actividad en nuestros días. [24]

El ser extranjero no era una barrera difícil de superar para formar pareja en Montevideo. Uno de los motivos sin duda sería la diferencia cuantitativa entre hombres y mujeres. El Censo de 1829 nos habla de que de los 16.262 habitantes de la ciudad no esclavos (de los que había 2.489) solo 6.602 eran hombres, lo que en porcentajes indica que de diez habitantes, la relación en números era de cuatro hombres y seis mujeres. Por otra parte, diversos testimonios contemporáneos nos manifiestan de la facilidad que encontraba el extranjero para vincularse con las jóvenes montevideanas.[25]

Esta afinidad no deja de ser lógica en la medida que las montevideanas que se casaban con inmigrantes eran a su vez en abrumadora mayoría hijas o nietas de otros inmigrantes. Como tales, su visión del mundo, sus ideas, sus costumbres, sus códigos de valores no diferían básicamente de las que sustentaban los genoveses o vascos que inundaron Montevideo desde los primeros años de la nueva república independiente.

El control comunitario que estimamos debilitado en el periodo de la ocupación luso brasileña, conocido como la Cisplatina, debe haber disminuido aún más ante la realidad de la aluvión inmigratoria, convirtiéndose en mínimos para los parámetros de una sociedad urbana de tipo europeo, de la entidad de Montevideo, de mediados del siglo XIX. Es que quien o quienes pueden influir u opinar sobre un vecino, si no se le conoce, ni a él, ni a su familia, no se conocen sus costumbres y muchas veces ni entender claramente su idioma. La opinión de la comunidad era una referencia importante para hombres y mujeres de este tiempo. Más sin duda que en nuestros días. Pensamos que por su esencia ese juicio es mayoritariamente conservador, aferrándose a valoraciones tradicionales. Esto, nos hace aventurar la hipótesis de que este clima de poca censura comunitaria - reiteramos, para la vida cotidiana en los años a estudio - debe haber alentado actitudes más liberales, desprejuiciadas o innovadoras en inmigrantes y en montevideanos. Si trasladamos esta hipótesis a la expresión de opiniones e ideas es creíble que estas pudieran presentarse más libres que en la comunidad de origen en el caso de ser inmigrante, o, en el caso de los criollos, en un marco social que, por ejemplo no estuviera recibiendo continuamente el fermental aporte inmigratorio. El símil ya expresado de las sucesivas manos de pintura que por repetidas, cambian las características de una tabla porosa, a nuestro entender también puede aplicarse para valorar la persistencia de este clima de escasa censura que alentara la continuidad de una actitud, de una mentalidad abierta a nuevas opiniones e ideologías. Quizás por ejemplo, esta realidad propicie el aumento de la ilegitimidad, índice de un aumento de las relaciones extramaritales, pero a la vez de la prescindencia de la opinión comunitaria.

Pensemos que la continuidad del aporte inmigratorio a la sociedad oriental, - un siglo - le dio perdurabilidad a esa actitud abierta, liberal, que pudiera caracterizarse como un componente de larga duración de la sociedad montevideana que a la vez evoluciona de una peculiaridad circunstancial o coyuntural a una característica esencial para definir la sociedad de la República en su conjunto.

 



Mentalidades, costumbres y santoral[26]

Perpectiva y proyecciones

 

Tres constantes que se convirtieron en características de larga duración de la sociedad uruguaya, se gestaron en este tiempo. Una composición racial de origen europeo, mayoritariamente mediterráneo - latino, unas estructuras mentales europeas más allá del origen étnico, que se expresó a su vez en un sentimiento consciente e inconsciente a la vez de "europeos exilados" en América del Sur, y por tanto en parte ajenos a su problemática son las dos resultantes visibles de la confrontación y posterior simbiosis de mentalidades que datan prácticamente desde la segunda mitad del siglo XIX. El tercer componente de larga duración en un inventario de mentalidades, es el mantenimiento de un sentimiento y necesidad de independencia política, al menos desde el punto de vista formal, de la República Oriental.

Como una vara de mimbre verde y nueva, la joven sociedad oriental cimbró y se tensó, adaptándose en forma plástica a una mutación digitada por múltiples factores políticos, sociales, ideológicos y económicos procesados en Europa.

El aporte inmigratorio fue decisivo en el crecimiento demográfico especialmente de Montevideo. Trajo implícito un aporte ideológico que se reflejó con el paso de los años y que fructificó al filo del siglo XX en una masa urbana que tuvo como abuelos físicos e ideológicos a la primera oleada inmigratoria con su masivo aporte europeo transpirenaico. El éxito de estos primeros inmigrantes estimuló a las sucesivas oleadas que dieron consistencia a los cambios, extendiéndose hasta el período de entreguerras de nuestro siglo.

Los datos relevados, la bibliografía consultada, los testimonios de los contemporáneos nos sugieren lo que los porcentajes obtenidos parecen reafirmar; el aporte inmigratorio cambió la sociedad montevideana y oriental. Y no solo por el aporte cuantitativo ya de por sí importante. Velados tras esos números otros cambios se procesaron. La actitud ante el Santoral, referencia religiosa inequívoca cambia, disminuyendo en forma marcada desde el período de la Guerra Grande. La incidencia cuantitativa de los inmigrantes es decisiva para la variación de los porcentajes de respeto al Santoral. Resaltemos empero, que este cambio es protagonizado por aquellos provenientes de regiones europeas económicamente desarrolladas o al menos relativamente desarrolladas como el norte de Italia, el País Vasco, Francia, Cataluña y los países anglosajones. Paralelamente, quienes arribaron de regiones pobres y poco desarrolladas como Canarias, tienen una actitud diametralmente opuesta.

El comportamiento endogámico - exogámico muestra una variación que entendemos acorde con el arribo de familias completas que complementan la tradicional inmigración de hombres jóvenes y solteros. Eso quizás a nuestro entender facilitó cierta autonomía de las comunidades inmigrantes, cuyos ejemplos oportunamente brindan.

Globalmente la inmigración protagoniza y junto a ella la población criolla, un cambio en la sociedad. Nosotros de alguna manera cuantificamos ese cambio en la gente común, la muchedumbre anónima que es la protagonista principal de los grandes cambios históricos. Intentamos fundamentar hipótesis para explicar el cambio en forma cualitativa. Este cambio que nosotros vemos en determinados aspectos significativos de la vida cotidiana. Pensamos que, en forma válida en el marco del estudio de las mentalidades puede proyectarse a establecer un paralelo con la asimilación de ideas y concepciones sociales de los sectores populares y medios europeos que, globalmente se transfieren a la sociedad montevideana.

Que existe un trasfondo político - cultural que es asumido conscientemente por buena parte de la elite criolla lo explícita debidamente los conceptos vertidos por Andrés Lamas y Sarmiento con motivo del cambio en el nomenclátor de Montevideo, en éste, el Santoral es desplazado por nombres "racionales". Ese cambio es acompañado decisivamente para su inserción por los inmigrantes.

Así generaron los inmigrantes pautas de cambio en un proceso dialéctico que tuvo como una de sus principales virtudes la autenticidad. Estas pautas avalan las transformaciones que son protagonizadas por la gente común, aquella cuyos nombres no trascienden, pero que son basamentos indispensables para que se cimienten tendencias de larga duración en el plano histórico.


La inmigración vasca

 

En el crecimiento de la población uruguaya del siglo XIX, la inmigración vasca cumplió un papel destacado. Podemos distinguir diferentes momentos en ese proceso:

1ª. La oleada oficial: Corresponde a la época colonial, entre 1724 y 1811.

2ª. La invasión pacifica del siglo XIX; dividido en dos momentos:

a) Periodo de los veleros o vasco-francés. Lo ubicamos entre 1825 y 1860. Alcanza su apogeo en el lapso 1830-1842. El censo de Montevideo realizado por Andrés Lamas, constata la presencia de 17.000 franceses en Montevideo, casi todos vascos. Se caracteriza por el arribo masivo de individuos y familias de Iparralde, junto con contingentes del país vasco peninsular, entre otros motivos por el fin de la I Guerra Carlista. También por que muchos de ellos llegaban en condiciones de semi-esclavitud por deuda del pasaje en la nave que los trasladaba de Europa a América.

b) Periodo de los vapores o vasco-español. Se define entre1860 -1900. El punto de inflexión es a nuestro entender, el cambio en el medio de transporte que empieza a evidenciarse en estas décadas. La tercera Guerra Carlista es otro de los otros elementos que favorece la inmigración. A partir de estos años otra de las causas de emigración va a ser las penurias económicas así como el servicio militar y su expresión: las guerras de Cuba y Marruecos.

3ª. La emigración forzada (1936-1939). Él ultimo factor de emigración con repercusión en nuestro país fue la Guerra Civil Española, la que por una combinación de circunstancias políticas y económicas determino el abandono del País Vasco Sur por centenares, que asumieron el exilio como una protesta y a la vez como la iniciación de la lucha desde afuera para recuperar los derechos perdidos.

En todo este proceso debemos considerar el funcionamiento de cadenas de inmigrantes vascos. En efecto, las noticias de los éxitos y fracasos, de las realidades de las republicas del Plata eran conocidas en el País Vasco, por medio del comentario de familia en la familia, del amigo, del vecino, que era referencia casual, interesada o necesaria para establecerse en el Río de la Plata. Funciono como una cadena que retroalimentaba los deseos de emigrar y atiborraba los buques de ilusionados emigrantes.[27]

Nos conformamos con enunciar la oleada oficial, para luego iniciar el análisis a partir de lo que denominamos la “invasión pacifica”

 

 

 

La emigraciñon en tiempos de la vela 1835 - 1860

 

La inmigración a la que en general se veía como beneficiosa, fue estimulada por los diferentes gobiernos en el período independiente. Clara muestra entre muchas, son estas frases del Presidente Rivera ante las Cámaras de 1833,

 

"Es de esas mismas naciones de Europa que el gobierno de la República espera con fundamento que su industria y su comercio reciban auxilios que no pueden buscarse ni venir de otra parte sino de aquellas donde el ocio y la abundancia de los capitales hacen apetecibles al gobierno y al súbdito las proporciones para derramarse sobre un territorio feraz pero inculto; sobre un país hermoso pero desierto; sobre un pueblo lleno de vigor pero sin brazos..." [28]

 

La visión de una complementación ventajosa entre el pauperismo de buena parte de la población europea y las necesidades de las naciones del Plata es evidenciada por esta frase del Cónsul francés en Uruguay en 1834,

 

La exuberancia de población en Europa se vuelca por si misma en el Nuevo Mundo. . . El camino se halla al presente abierto, y podemos felicitarnos de haber encontrado así una salida útil para el exceso de población, sin temor a ver reproducida, aquella teoría tan poco honrosa para la humanidad, queremos decir la de la necesidad de la guerra para absorber aquel exceso.” [29]

 

Un viajero británico, Whittle describe a Montevideo como,

 

una ciudad repleta de extranjeros... Los artesanos son en su mayoría inmigrantes de las Provincias Vascas, por ejemplo los ebanistas, albañiles, albañiles, los herreros, etc., forman un grupo formidable. Se supone que son alrededor de 10.000. Ellos traen y retienen con ellos sus costumbres y forman un pequeño mundo. Tienen sus propios lugares de esparcimiento como los billares, cafés, salones de baile, etc... y en domingos y feriados los jóvenes concurren a jugar a la pelota vasca cuando tienen ganas de jolgorio. Muchas de las mujeres son extremadamente bonitas y muy vivaces. Generalmente hablan tanto francés como español al estar el país entre ambas naciones, pero ninguno de los dos con acento puro, como puede imaginarse. Tienen varias buenas bandas de música y realmente no conozco gente que parezca divertirse tanto como ellos. Muchos se han hecho bastante ricos en pocos años debido a la gran demanda de casas construidas por ellos, en la parte alta de la ciudad. Constituyen una clase inteligente, moderada e industriosa. Superior en muchos aspectos a nosotros pero, ciertamente, muy lejos del maquinismo; pero esto no ha de tardar. Hay pocos lugares en el mundo, yo diría que no hay ninguno de su tamaño donde la comunidad este formada por naciones tan diversas”.[30]

 

Lo dicho lo ratifica Saint Leger catorce años después, refiriéndose a los vascos en estos términos;

 

Entre ellos se encuentran albañiles, colocadores de tejas, sastres, pero predominantemente, carpinteros y zapateros remendones, profesiones todas que parecen ser muy bien remuneradas en Buenos Aires y Montevideo (...) Los salarios, que para ciertas clases de obreros se elevan a 10 y 12 francos por día, están sujetos es verdad, a frecuentes altibajos, pero rara vez descienden, para las profesiones menos cotizadas, por debajo de 3 francos. [31]

 

 

Como sabemos, muchos inmigrantes vascos acordaban pagar o terminar de pagar su pasaje en Montevideo. Los estudios de Azcona revelan la situación de semi esclavitud en que quedaban muchos de ellos. No obstante, debemos considerar que dichos inmigrantes tenían la posibilidad real de no pagar ninguna de sus deudas, según surge de la propia documentación relevada por este historiador[32] , en la que se indica que 15 años después se publica por la prensa el reclamo. Esto quiere decir que los morosos sencillamente se habían evaporado, o en tierras adentro del país, o dirigido tal vez a Buenos Aires. Es que desde los tiempos de la Colonia la banda oriental era ámbito propicio para desertores y aventureros. Así que desaparecer en el medio rural oriental a mediados del siglo XIX, donde aun se presentaban oportunidades, cambiar de nombre y de apariencia física era normalmente accesible para los inmigrantes vascos o de cualquier nacionalidad que querían eludir el pago definitivo de su viaje a América. Debemos recordar que los medios técnicos de esos años no facilitaban la identificación de los individuos como sucede a inicios del siglo XXI.

Otra consideración que debe hacerse es que ese era un sistema usual de traslado de emigrantes a América, en la medida en que la mayoría era muy pobres, debían financiarse de alguna forma el viaje. Ciertamente que los armadores solicitaban inicialmente fianzas de quienes se quedaban en el País Vasco, pero debe tenerse en cuenta que existían individuos o familias que nada tenían. De hecho esa era el motivo más valedero para abandonar su patria. Si lo consideramos con ojos del siglo XIX, era algo practico. El inmigrante se aseguraba el arribo a lo que consideraba la tierra de oportunidades. Además se aseguraba trabajo y subsistencia por el tiempo acordado con el empresario o con quien había adquirido sus derechos de trabajo: unos meses, un año, un año y medio. Luego de eso y ya conocedor de la realidad de la nueva tierra podía decidir que actividad o rumbo tomar.

 

 

La emigración de los vapores 1860 - 1900

 

Cambio en la tecnología de la navegación:

 

A mediados de siglo, se va imponiendo la nueva tecnología en la navegación que va a posibilitar nuevas oleadas inmigratorias en mejores condiciones de viaje y con pasajes más baratos. La propulsión a vapor va a proporcionar mas seguridad a la navegación – la nave no va a depender exclusivamente de los vientos – algo vital en una tormenta y a su vez va a reducir el tiempo de viaje a alrededor de un mes y posiblemente el costo relativo del mismo. El transporte de inmigrantes tuvo un predominio de empresas francesas, Messageries Maritimes, Transports Maritimes dentro de las principales, aunque existieron también españolas, británicas y alemanas.[33]

 

El Uruguay de la modernización:

 

Finalizada la Guerra Grande los sectores dirigentes más europeizados propiciaron una política llamada de Fusión para gobernar en conjunto blancos y colorados.

La revolución del general Flores, apoyada por Buenos Aires y Río de Janeiro, culmino en 1865 con los intentos de un gobierno de fusión, para dar lugar a un nuevo gobierno de partido, en este caso de los colorados. La guerra contra el Paraguay, fue un compromiso asumido por los colorados que así pagaron de alguna forma la deuda contraída con Brasil y Argentina, soportes de Flores. En los años setenta las economías de los países rectores, con Gran Bretaña al frente, alentaron los cambios en las regiones alejadas, como el Río de la Plata, que permitieran que las mismas se incorporaran con mayor fluidez a los tiempos de la sociedad capitalista. En definitiva se buscaba adquirir materias primas y alimentos y al mismo tiempo ubicar vender sus manufacturas y crear espacios propicios para sus inversiones de capital.

El movimiento de fuerzas y abastecimientos que tenia uno de sus puertos en Montevideo promovieron nuevos desarrollos en la región, no obstante la inestabilidad política endémica. Por ejemplo entre 1870 – 1872 se procesa una revolución blanca, finalmente derrotada. Esto cambiaria con los gobiernos liderados por militares colorados, periodo conocido justamente como Militarismo. Con mano fuerte y el apoyo de los sectores rectores de la sociedad propulsaron la modernización de las estructuras agrarias y jurídicas. Para el primer caso era ineludible estimular la inmigración. Creada una Comisión Directa de inmigración, en 1875 da el informe anual, bajo la responsabilidad del gerente Lucio Rodríguez, quien da cuenta de que,

 

Constatado esta por los pedidos hechos a la oficina, que lo que mejor aceptación tiene en el país son familias labradoras de las provincias vascongadas. Más eficaz será pues estimular su venida, que la de personas de otras nacionalidades, proporcionadas por la inmigración espontánea.[34]

 

 

En 1880 la revista de la Asociación Rural Del Uruguay, expresaba estos conceptuosos términos,

 

La inmigración vascongada, por ejemplo, es la que, por sus múltiples condiciones naturales, daría resultados superiores fraternizando con la raza criolla. El vascongado por tradición y por costumbre, es el ideal de la nobleza de corazón y de carácter, el tipo del trabajo, y la personificación más elevada del amor a la libertad...”

“...Lo principal y que más debe mirarse es la de que la familia vascongada fija su residencia en el país donde se ha establecido y allí se liga al suelo que cultiva, tomándole cariño y fijando su suerte a la suerte de la patria de sus hijos (...)Por su honor el vascongado trabaja, porque comprende que eso constituye su más alto timbre de orgullo que si no le da riquezas en cambio, le rodea de una felicidad tranquila. Además, la familia vascongada es modelo de laboriosidad y decencia, de ello se hace cuestión de honra; porque su modo de pensar, justo por cierto, es que la pobreza no impide la decencia ni la riqueza apareja siempre el orgullo (...) En una palabra, la inmigración vascongada descuella entre los tipos que constituyen un genio y ella seria la amoldada a nuestras costumbres, contribuiría al progreso nacional...” [35]

 

 

Para 1883 el diario “El Siglo” se refería a los inmigrantes vascos en forma conceptuosa,

 

No bien llega el basco a las playas de la nación que le da hospitalidad, se identifica con ella, y allí donde se estrellan otros, el gracias a su privilegiada organización, se aclimata y prospera.

A todas partes llegan sus hábitos de trabajo, su perseverancia a toda prueba, y la inquebrantable confianza en sí mismo que no lo abandona jamás...” [36]

 

 

 

El comportamiento en el plano de las mentalidades

 

Endogamia y Exogamia

 

Los datos relevados por la Dra. Marenales indican una elevada endogamia, al menos en Montevideo y en base en la Catedral, con un predominio de los naturales de Iparralde.[37]

Los datos relevados por nosotros entre 1830 – 1864, [38] en las cinco parroquias montevideanas: nos dan en los tres periodos considerados un incremento de la endogamia de los extranjeros: 63, 77 y 86 %. En el caso de la colectividad francesa, que asimilamos a la vasca, es en líneas generales superior, 92, 70 y 81%.

 


Patronímicos y Respeto al Santoral[39]

 

La colectividad vasca se muestra menos apegada a practicas tradicionales a la hora de bautizar a sus hijos. Esto tanto en lo que es el respeto del Santoral como el seguir el nombre del padre o madre. Este concepto es en referencia a otros grupos inmigratorios y residentes en Montevideo.

En efecto, mientras los canarios le dan una enorme importancia. En el caso de los varones por ejemplo: el 56% de los bautizos de canarios tienen en cuenta el santoral y 17 % el nombre del padre y los criollos lo hacen en un 36 % en el santoral y 24 % el nombre del padre, la situación de los vascos es distinta. En efecto los vascos presentan un 25 % solo del respeto al santoral y 19 % en lo que es seguir el nombre del padre. Valores similares presentan las niñas.

 

 

La colectividad organizada: el Laurak Bat[40]

 

A fines de 1876 un grupo de vascos decidió unirse para formar la primera institución de sus características en todo el orbe: Sociedad Protectora de la Inmigración Vascongada Laurac Bat. En sus primeros artículos queda definida la función que motivaban su fundación,

 

“Art. 1 Queda establecida una Sociedad . . . cuyo principal objeto será dar protección a los inmigrantes de las provincias de Navarra, Guipúzcoa, Vizcaya y Álava que espontáneamente vengan, proporcionándoles colocación en todo el territorio del país cuyo nombre será Laurac Bat.

Art. 3 Tan pronto como los recursos se lo permitan, será obligación de la Sociedad satisfacer los gastos de regreso a la madre patria de todo vascongado que lo solicite, probada su buena conducta y la inutilidad de las gestiones de la Sociedad para colocarlo o que por impedimento físico este inutilizado para el trabajo y se encuentre en estado de pobreza.

 

Con representantes en todo el territorio de Uruguay, llamados agentes corresponsales, promovieron el auxilio a sus compatriotas, pero también participaron de otras acciones benéficas, tales como apoyo a los damnificados en terremotos en Italia, o a náufragos en agua del Río de la Plata. La sociedad se declaraba respetuosa de los fueros y los añoraba. Además, propulsaba la erección de una estatua en Montevideo que recordase al durangués fundador de la ciudad, Bruno Mauricio de Zabala. A pocos años de su creación se pone a discusión si pueden formar parte de la misma los vascos transpirenaicos. Se resuelve positivamente y en 1884 se procede al cambio de nombre, pasando a llamarse Sociedad Euskara de Montevideo. Una secesión ocurrida en 1883 había dado lugar a una nueva institución, el Centro Vascongado. Al igual que la Euskara incluirá inmigrantes vasco-franceses. Ambas entidades publicaron prensa periódica, con noticias de corresponsales del País Vasco, y la de los existentes en el país. Mientras él ultimo centro mencionado desaparece sin dejar mayores rastros el segundo se embarco en una ambiciosa expansión: La compra de un terreno para actividades recreativas, que la llevaría a la ruina y desaparición . En efecto, la crisis capitalista europea de la década del ochenta arriba al Río de la Plata en 1890, con consecuencias nefastas para la economía del País. La sociedad Euskara no pudo dar cumplimiento a las deudas generadas por el campo recreativo y luego de varias acciones legales su orgullo, el campo euskaro fue rematado en julio de 1898.

 

Algunas conclusiones

 

Los historiadores vascos contemporáneos reseñados, concretamente José Manuel Azcona, Fernando Muru e Inés García-Albi de Biedma han opinado con fuertes juicios de valor sobre el papel de los “ganchos” y sobre una supuesta mistificación de los logros de la emigración vasca en Uruguay. Los hechos no se compadecen de sus afirmaciones. Un estudio efectuado por ejemplo en 1990[41] nos indica que a tres generaciones por lo menos de la inmigración masiva los descendientes de vascos ocupan aun un lugar preferente en la sociedad. Por ejemplo en lo que hace a la agropecuaria bastión de los sectores mas acomodados de la sociedad uruguaya. Un país que por otra parte tiene en esta área económica uno delos renglones exportadores clásicos. Esto es simplemente un tema de porcentajes: si los vascos que representan un 6% de la población del país, constituyen proporcionalmente el doble en el caso de los productores laneros o en los remitentes de la mayor cooperativa nacional de productores de leche. O es el triple en la Federación Rural, o en determinadas profesiones liberales, vinculadas al agro: rematadores de ganado, ingenieros agrónomos. Esto es índice de buena posición económica, o de una plataforma económica acorde para facilitar los estudios universitarios. Esta situación desahogada empezó a establecerse para los inmigrantes vascos o sus hijos en las tres ultimas décadas del siglo XIX.

Si esto es realidad para un determinado puñado de inmigrantes, ciertamente que el resto, la mayoría, por lo menos aplaco las necesidades básicas de alimentación que tenia muchas veces en el caserío. La galería de vascos exitosos que presenta Martha Marenales, es sin duda a efectos de tomar como ejemplo en casos concretos la secuencia del ascenso social. No implica que todos o la mayoría haya seguido ese camino. Se entiende que muy buena parte logro su objetivo, para sí o sus descendientes.

Tal vez la mirada mas equilibrada la dio el doctor Julián Becerro de Bengoa, un alavés que residiera varios años en Montevideo, al replicar uno de los artículos de José Colá y Goiti, condenando la emigración al Río de la Plata.

He vivido muchos años en esa tierra y no puedo permitir (me obliga la gratitud)

que se mistifiquen las cosas de tal manera, con animo deliberado de hacerle daño;

sin contestar debidamente a tales propósitos colocando la verdad en su lugar.

...Yo no aconsejare a nadie que emigre de su tierra, porque tengo la convicción de

que el que es honrado y laborioso en todas partes puede hacer fortuna; pero si

alguno me consultase sobre el particular, le diría, si tiene Ud. Oficio o profesión y

esta decidido a trabajar algunos años para ahorrar algo y pasar tranquilo la vejez,

vaya Ud. a América sin miedo, allí hay mas facilidad para hacer dinero, pero

procure evitar los vicios y las malas compañías, y no dude que conseguirá su

objeto... [42]

 

Lo más original del inmigrante vasco, en contraposición con los que provenían de otras latitudes, era su adaptación al medio, rural o urbano, así como su facilidad en el desempeño de múltiples tareas, resultado de las peculiares características de haberse formado, en un medio que hacia que las ocupaciones más diversas se cumplieran en ámbitos muy cercanos. No olvidemos por otra parte dos circunstancias que favorecieron aun más su inserción en el Uruguay: por un lado, estaban presentes en numero importante desde la colonia, por lo que se integraban naturalmente no siendo rechazados por los criollos de la misma forma que lo era el inmigrante de otras procedencias; caso concreto los italianos, por otro, su versatilidad sé contraponía a las limitaciones evidenciadas por el nativo, solo experiente en las mas rusticas tareas de campo y que no veía las oportunidades que brindaba esa economía capitalista en la que cada vez mas firmemente ingresaba el Uruguay.

Pero además hay otro factor para explicar el éxito de la mayoría de los inmigrantes vascos. Cuando arribaron al país, recordemos entre 1835 y 1890, el territorio estaba mayormente vacío. O sea que llegaron al medio rural antes que otras inmigrantes calificados; siendo por tanto de los primeros en ocuparlo. Para buena parte de ellos si no cumplían los sueños de riqueza que los “ganchos” le habían hecho creer, si podían obtener un nivel de subsistencia, podían comer mejor y más variado, algo que era difícil a veces en el País Vasco que habían dejado, y que para los individuos del siglo XIX era primordial.

En definitiva tenían comida y trabajo. El Río de la Plata les había dado una oportunidad, ni más ni menos que eso. Lo que la mayoría de ellos sin duda no tenían en su tierra natal. El mismo concepto puede aplicarse a las otras corrientes emigratorias.

 

Ciertas características de la inmigración vasca: prolongada, difusa, polifacética, de rápida inserción, pueden hacernos perder la perspectiva de su trascendencia, de su aportación concreta. Importante en numero, pero también en lo que hace al conocimiento que brindaron al medio rural, particularmente en lo que hace a la explotación del lanar y de la lechería.

Con ellos y junto a otros grupos inmigratorios la sociedad de nuestro país sufrió una clara inflexión desde mediados a fines del siglo XIX, en términos sociales y económicos, pero fundamentalmente en lo que tiene que ver con la mentalidad: sé definió una nueva escala de valores, una concepción del trabajo, de la política. Sobre el punto se debe tener en cuenta las reflexiones de Barrán,

Un modo de producción nuevo – como el que estaba gestándose en el Uruguay de 1860 a 1890 – implicaba cambios en la sensibilidad, modificaciones del sentir para que a la vez ocurrieran transformaciones sustanciales en la conducta. Y así, sensibilidad y cambio económico entrelazados, no son ni causa ni efecto el uno del otro, sino factores que tanto se abren camino juntos como se limitan y se obstruyen el paso. [43]

 

 

Una reflexión historiográfica

Cientistas sociales e historiadores aficionados

 

A diferencia de otros campos del conocimiento, limitados por su propia especificidad; la Historia es incursionada de manera reiterada, tanto desde otras áreas vecinas de las ciencias sociales: antropología, sociología, etc. – sorteando las difusas fronteras que nos vinculan – como desde la multitud de historiadores aficionados.

Nadie que no pretenda caer en el ridículo va a escribir un libro o un articulo sobre medicina y menos a ejercerla, si no quiere cometer un delito. Para suerte o desgracia del conocimiento histórico, en lo personal creemos que en definitiva por suerte, esto no pasa con la ciencia histórica. Muchos individuos descubren su afición por la Historia cuando le es difícil formarse académicamente y con un entusiasmo a veces envidiable la convierten en su hobby preferido.

En general es enriquecedor el aporte de unos y otros, aunque debe siempre someterse a la criba de una lectura cuidadosa. En la primera de las posibilidades nombradas, a veces resulta sorprendente, por no decir otra cosa, las opiniones que de campos vecinos a la historia se vuelcan sobre la disciplina, como la que expresa un antropólogo, William Douglass, refiriéndose a un trabajo de investigación,

 

El autor reconoce no ser historiador profesional como si esto fuese un defecto o pega. Yo, mas bien, creo lo contrario. Creo que el presente estudio es, en muchos sentidos, ejemplar, enseñándonos la enorme potencia de la buena voluntad al servicio de la inteligencia.[44]

 

Es evidente por lo dicho que Douglass no cree en las bondades de la formación académica, por los menos en el campo del conocimiento histórico. Seria interesante saber que opinaría si sobre la antropología se expresaran igual.

Así como la historia política se ve abordada por una legión de periodistas, la de hechos sociales ve el interés de los escritores de novela histórica y la historia militar atrae guionistas de cine y televisión; el estudio de los procesos inmigratorios se ha visto, por razones de cercanía y sentimientos con la fuerte presencia de inteligentes y perseverantes historiadores aficionados. La temática inmigratoria se ve abordada una y otra vez por investigadores amateurs, dedicados a estudiar o reivindicar sus raíces étnicas. Trabajadores, metódicos, ponen en sus esfuerzos el cariño por sus orígenes y sus logros y aportes. Sus resultados son valiosos en lo que hace a la recolección de datos para ahondar en el conocimiento de los fenómenos inmigratorios de las características del vasco, especialmente en lo que hace a aspectos específicos.

Estos historiadores o investigadores, que denominaremos provisionalmente étnicos, han brindado un sustancial aporte al conocimiento de las diferentes corrientes inmigratorias que han conformado el Uruguay.

 


Breve reseña de la historia inmigratoria vasca

 

Intentaremos resumir los diferentes aportes de la historiografía sobre la inmigración vasca, con el convencimiento de que sin ser nuestra intención omitiremos algún aporte importante.

En nuestro caso, la obra pionera del Dr. Tomas de Otaegui, publicada por la Editorial Vasca Ekin, en 1943, es emblemática. Su autor, nacido en Pergamino en 1870 y fallecido en Buenos Aires en 1932 puso en el tapete, en Los Vascos en el Uruguay el primero o uno de los primeros trabajos sobre el tema. El momento en que se publica, plena segunda guerra mundial con el alineamiento claro en el bando aliado del Uruguay, señala el porque la obra esta dedicada por la editorial al presidente de este país, Dr. Juan José de Amezaga Ibarra.

Lo medular del trabajo es el papel de Bruno Mauricio de Zabala en la fundación de Montevideo y su biografía, continuando luego con una enumeración de los vascos en la gesta independentista, para finalizar con una asociación entre lo que considera no es casualidad, la rebeldía intrínseca, el carácter democrático y el amor a las libertades que coinciden en el pueblo vasco y el uruguayo.

Si bien su objetivo político es mas o menos evidente, tiene el gran merito de ser un trabajo pionero. Es por otra parte, no debemos olvidarlo, un trabajo enmarcado en un proceso intelectual de los sectores dirigentes de la sociedad, un abogado vasco-argentino, naturalmente alejado de los sectores populares que escribe en la década de los años veinte del siglo pasado.

De los años sesenta al presente varios cronistas se hicieron presentes en la temática de los vascos en estas tierras. Señalemos entre ellos al Sr. Jorge Arin, miembro conspicuo de los dos centros que conformaban la colectividad organizada del país, el Centro Euskaro Español y el Euskal Erria. En su labor ha recopilado por ejemplo en una guía los apellidos vascos en el país y su origen. También ha escrito sobre la historia de los centros vascos en el Uruguay.

Con trabajos centrados inicialmente desde su área profesional especifica la arquitectura; Danilo Maytia y René Fernández, su colega y esposa, han incursionado en otros aspectos, las comunicaciones y manifestaciones religiosas, expresadas en la pagina digital de EuskoNews & Media. También han presentado ponencias en una serie de Seminarios abiertos sobre Historia y Cultura Vasca desarrollados en Montevideo desde 1996, cada dos años. Fruto del denodado esfuerzo del Centro Haize Hegoa que ha reunido investigadores americanos y europeos. [45] Motivados inicialmente por investigaciones genealógicas deben tenerse en cuenta los aportes de Ricardo Goldaracena y los doctores Martín Ospitaleche, Enrique Yarza, y el arquitecto Arturo Berro. Todos vinculados al Instituto Uruguayo de Estudios Genealógicos. Finalmente, con variados aportes, entre ellos uno que se destaca con relación al pintor y calígrafo donostiarra Juan Manuel Besnes e Irigoyen, Alberto Irigoyen ha efectuado diversas contribuciones al conocimiento de la inmigración vasca en el Uruguay; incluyendo su incursión en la novela histórica. En ese marco en su propuesta de mayor aliento, ha presentado un trabajo pionero en lo que hace a la primera Euskal Etxea de Uruguay y del mundo, la Laurac Bat.

Es un logro que se empaña un poco con juicios de valor y afirmaciones algo aventuradas, en la estela de Azcona y Muru. Prueba fehaciente es esta frase,“El ‘enganchar’ emigrantes se transformo en un suculento negocio que amparo grandes infamias generalmente descuidadas por los historiadores.[46]

Esta aseveración merece por nuestra parte, al menos, algún comentario. A efectos de un relevamiento historiográfico, se consideran habitualmente como historiadores, por lo menos en lo que hace a la historia uruguaya, a los pioneros del siglo XIX y mediados del siglo XX, en apretada síntesis: Francisco Bauza, Eduardo Acevedo, Pablo Blanco y Luis Pivel Devoto. Los tres primeros, hombres de leyes, historiadores de su tiempo, formados en la escuela positivista francesa dieron una importancia relativa a los aspectos inmigratorios, que por otra parte vivieron.

En las cuatro ultimas décadas del siglo XX comenzaron a surgir los trabajos de historiadores profesionales,[47] Juan Antonio Odonne, Carlos Zubillaga, que dieron la adecuada perspectiva a esta temática. En lo que hace a la inmigración vasca la Dra. Martha Marenales la ubico en más amplios términos. Tanto su investigación como la de José Azcona, se inscriben en tesis doctorales en Paris y Deusto respectivamente. [48]

Ciertamente que todos ellos vieron los fenómenos de la explotación de la inmigración por parte de aquellos que lucraban con el envío de los mismos. Pero todos lo entendieron como un fenómeno propio de la época, comprensible en su marco, y natural a todos los fenómenos inmigratorios que le eran contemporáneos como señala el propio Irigoyen en el caso de los irlandeses a Estados Unidos.

 

 

 

 

 

 

 

Vias y riezgos del análisis

Una sucesión de escollos

 

 

Lo afectivo

 

En el procesamiento del análisis inmigratorio lo afectivo puede pesar, pues desde el motivo inicial para la elección de la temática: el considerarse vasco o las raíces vascas o la sobre valoración de su aporte o de su popularidad están siempre al acecho. Se evidencia en la obra de Otaegui, paradigmático en este sentido. También con otros matices lo muestra Irigoyen con su preocupación e indignación por el trato dado a los inmigrantes.

Quien esto escribe tampoco puede naturalmente eximirse de involucrarse afectivamente con la inmigración vasca. Y es un deber advertirlo y recordarlo. Como descendiente de un alavés que viniera con 18 años al Río de la Plata en 1857 para probar fortuna – como decía la licencia concedida por su padre – en su vida y vicisitudes veo de alguna forma a muchos otros inmigrantes vascos. Pero además el ponente es un uruguayo, orgulloso de las oportunidades que su patria le dio a los inmigrantes de los mas variados rincones de la tierra.

 


El anacronismo

 

Si es importante señalar los anacronismos que cometen los aficionados, aquellos que por desconocimiento metodológico ven solo el árbol y no el bosque, es llamativo que el mismo se repita en historiadores profesionales.

Tal sorpresa nos la brinda Azcona con sus repetidas afirmaciones sobre el fracaso de los inmigrantes en el Río de la Plata.

 

...resulta engañoso juzgar la realidad vasca del Uruguay del siglo XIX tomando como ejemplo los éxitos de los mas afortunados o las suntuosas casas palaciegas que los ricos americanos sembraron por toda la geografía vasca. En efecto, a pesar de que la historiografía uruguaya del ochocientos esta plagada de historias exitosas de nuestros emigrantes, no hay que olvidar que la emigración vasca enrolo a miles de alaveses, guipuzcoanos y vizcaínos, de los cuales muchos sufrieron autenticas penurias, desgracias y necesidades.[49]

 

Ciertamente que seria engañoso tomar como el inmigrante tipo el exitoso que regresado a su patria ostentaba tierras y caseríos. Creo también que ningún historiador profesional lo hace. Ni Marenales ni obviamente el mismo Azcona o quienes lo acompañaron en su obra posterior, especifica sobre el Uruguay, Fernando Muru e Inés García-Albi de Biedma. Quienes cometieron esa apreciación apresurada fueron los ufanos cronistas de las colectividades organizadas de principios del siglo XX. Obviamente deben tomarse sus aseveraciones con las precauciones necesarias. También los historiadores del siglo XIX, que atención, lo vieron con los ojos de su época. O sea el éxito según los parámetros de la sociedad del siglo XIX. No debemos mirar a esa sociedad con la mirada de fines del siglo XX ya que corremos el riesgo del anacronismo. En efecto la sociedad actual cuenta con un sistema de previsión, que la del siglo XIX carecía. Debemos recordar que en esos momentos, una persona trabajaba de acuerdo a sus posibilidades hasta literalmente, morirse. Si llegaba a la vejez y no tenia un complemento en el apoyo familiar, lo que a veces sucedía por las propias vicisitudes de su tiempo; su destino era mas que incierto, dependiendo de la caridad publica y de la Iglesia. Pero además otros factores estaban presentes. Una epidemia con el resultado de la muerte de varios o todos los integrantes de una familia podía echar por tierra todo un logro de una o dos generaciones. Pensemos que el Río de la Plata se vio asolado en 1857 y 1870 por dos pandemias de fiebre amarilla. El habitante del siglo XIX, en el Río de la Plata, pero posiblemente en todo Occidente, era un equilibrista de la vida, sin red. Con muy poco entramado social en el ámbito colectivo que lo protegiese si le sucedía un percance.

Cuando se habla de que los inmigrantes vascos eran tratados como esclavos, entre interjecciones y juicios de valor, se olvida que la esclavitud como condición pasible del ser humano era natural para los hombres de mediados del siglo XIX, de hecho en España aceptaba él trafico negrero y era una de las bases de la economía estadounidense. De forma mas o menos encubierta, aunque siempre en retroceso, estuvo presente en la sociedad uruguaya del siglo XIX hasta promediar la centuria. A lo que le agregaríamos que lamentablemente es también algo presente a principios del siglo XXI, en algunas regiones del planeta.

 


Lo político

 

Hay aspectos realmente llamativos. Comentario aparte merece la reiterada alusión a ‘alaveses, guipuzcoanos y vizcaínos’ como algo particularmente distinto a los navarros y los pobladores del Iparralde.[50]

Esto parece indicar un compromiso político, con una visión que circunscribe lo vasco a los naturales de esos tres territorios históricos. Creemos que en los aspectos culturales al menos – intentaremos no inmiscuirnos en temas políticos que no nos corresponden – es innegable que el fenómeno inmigratorio vasco en Uruguay no puede limitarse a los provenientes de esos tres territorios de referencia.

 


El desconocimiento

 

Determinadas apreciaciones sobre la realidad uruguaya o vasca carecen de fundamento por desconocimiento simple y llano. Eso seguramente sucede tanto a los que vivimos en el Río de la Plata como a los que se encuentran en Europa, cuando tratamos temas de ultramar. A titulo de ejemplo daremos un comentario de José Manuel Azcona sobre el Uruguay;

 

En esta pequeña republica se produjo el exterminio continuado de la población india. La población negra fue arrinconada hacia la frontera con Brasil. Como consecuencia de esto, la mayor parte de la población uruguaya es de origen europeo o descendiente de europeos.[51]

 

Como sabemos la posible mayor proporción de la población negra no fue “arrinconada hacia la frontera con Brasil”, sino sencillamente es de origen brasileño por eso esta cerca de la frontera con Brasil y no por un propósito deliberado de los gobiernos del siglo XIX de enviarlos a ese lugar.

 

 

Viás de análisis y desafíos

 

La lectura de los trabajos reseñados, sus múltiples meritos y carencias nos llevan a sugerir algunas vías posibles de análisis del fenómeno inmigratorio vasco.

 


La definición de objetivo

 

Naturalmente debemos definir cual es nuestra hipótesis, con relación a la misma cual creemos es nuestro objetivo principal y obrar en consecuencia. Es distinto abordar la totalidad del espectro inmigratorio, rastrear causas y efectos, dudas y perspectivas; que incursionar en un tema, momento o personaje especifico. Sin duda que si restringimos nuestra investigación, o nuestro trabajo de difusión a esta ultima situación, el desafío va a ser más fácil de dilucidar.

Consolidado ese punto, ahora si pasaremos a la acción con un plan de trabajo, al menos provisorio y analizaremos la viabilidad, al menos en lo que hace a nuestras capacidades, tiempos, posibilidades, y lo que es fundamental, la disponibilidad para nosotros de la documentación o archivos que nos interesan. Solucionada estas instancias buscaremos las herramientas más idóneas para llevar adelante nuestra investigación. En este momento debemos mirar las diferentes combinaciones y opciones que se nos presentan.

Para este estudio es conveniente ejercitar todas las herramientas teóricas y metodológicas posibles. Sin desdeñar nada. Micro historia, estadística, historia económica. Tampoco la genealogía, y los análisis de fotografías y otros elementos gráficos. Es conveniente construir una batería interdisciplinaria, con centro en la operativa mas ajustada a nuestras posibilidades y objetivos.

 


El trabajo en equipo; regional e interoceánico

 

Es algo suficientemente comprobado la viabilidad y pertinencia de los estudios en el área de conocimiento histórico de forma interdisciplinaria. Los que hacen a la inmigración son particularmente convenientes. Desde el campo de la sociología, la antropología, la economía entre otros, es recomendable solicitar ayuda, opinión, consejo, o directamente trabajar en un proyecto conjunto.

En estos momentos sumamos a las habituales y aceptadas propuestas de trabajo desde distintas ópticas la que involucra el trabajo regional e interoceánico, fundamentalmente a través de la simplicidad de la comunicación por Internet. De hecho la realidad de este seminario que motiva la publicación en una pagina web de este trabajo es un ejemplo acabado de las bondades y posibilidades que brinda este medio. Es por tanto que creemos que para el trabajo sobre procesos inmigratorios es de suma importancia que tengamos en cuenta esta herramienta. Es que muchos errores cometidos por desconocimiento de la realidad tanto del país emisor como el receptor de la inmigración, podrían haberse subsanado si un colega de allende el mar hubiese leído el texto, o hubiese sido un trabajo en equipo. La propuesta de EuskoSare, que es conocida y difundida en estos momentos, primera mitad del 2005, es un camino de integración de la comunidad de historiadores, aficionados, profesionales, académicos, docentes, vinculados a la historia vasca y al proceso de inserción de esa colectividad en otras regiones del mundo, particularmente en el hemisferio americano.

 


Un desafío el aporte intangible

 

Una primera reflexión al respecto es la necesidad de una mayor comunicación en el Río de la Plata. La experiencia de encuentros bianuales de Haize Hegoa debe ser continuada e imitada. El intercambio de conocimientos, metodologías y experiencias debe ser mas fluido. Sin olvidar las obvias diferencias, debemos ser concientes de la constelación de similitudes que nos hacen vivir procesos inmigratorios de rasgos comunes.

Mas allá de matices es evidente que desde todos los ámbitos del conocimiento histórico se coincide en valorar como importante el aporte de la inmigración vasca al Uruguay. Esto sin duda es tangible para todos. Una contribución demográfica en lo que hace al numero de inmigrantes principalmente en los años centrales del siglo XIX. Un aporte tecnológico en lo que constituye la mano de obra que va a posibilitar la explotación del medio agropecuario, particularmente en lo que es la cría del lanar.

No obstante, creemos que existe un ámbito poco o nada explorado en lo que hace al papel jugado por la colectividad vasca en el Uruguay del siglo XIX. Percibimos que los inmigrantes vascos por sus características, por sus vínculos y similitudes con las otras colectividades que compartían el territorio oriental cumplieron en forma inconsciente la acción de agentes integradores con su presencia – como una argamasa humana de vivencias y sentimientos – las distancias que separaban a criollos y gringos, particularmente italianos. Con la visión comercial, la frugalidad y la ductilidad en ocupaciones y tecnologías de estos últimos. Con el dominio o al menos aceptable conocimiento del castellano de los criollos, con su casi igual distribución geográfica. Siendo así de alguna forma equidistante entre unos y otros.

Esta combinación de perfiles y sociologías pudo convertirla – es hipótesis a verificar – en una de las o la, colectividad bisagra que permitió dar consistencia al plasma social y sociológico de hombres y mujeres que se transformaron en los uruguayos de inicios del siglo XX. Los comentarios auspiciosos de la prensa con la relación a la inmigración vasca, las voces de los gobernantes parecen indicar una disposición favorable para los individuos provenientes de las tierras a ambos lados de los Pirineos. Es la verificación de esta hipótesis que pensamos empeñar nuestro esfuerzo, al que invitamos a todos los colegas.

 


Historia, historiadores y compromiso

 

Quien esto escribe considera la tarea del historiador como un deber social. Entre otras cosas, devolver a la sociedad que le financio sus estudios - en el Uruguay la educación universitaria estatal es gratuita - sus conocimientos, sus aportes. Ya paso largo tiempo de que la elaboración del conocimiento histórico esta exclusivamente en manos de abogados pudientes, muchas veces con una visión de partido y casi siempre con una mirada que respondía inequívocamente a la clase dirigente a la que pertenecían. Desde hace años y en forma creciente sus obras consulares y referentes, han sido complementadas y superadas por aportes de historiadores formados profesionalmente, tanto en la enseñanza como en la investigación. Pero además historiadores procedentes de sectores sociales medios, los que naturalmente van a tener otros intereses y otras visiones.

Como sabemos en grandes líneas el historiador puede en general discurrir su actividad en la docencia, la investigación y la difusión, con todas las combinaciones, a la vez, entre estas tres áreas posibles. Las dos ultimas áreas, presentan fronteras algo difusas y exigen al igual que la primera de las nombradas una gran responsabilidad.

En la elaboración de trabajos de investigación y difusión creemos imprescindible trabajar en equipo, o por lo menos consultando a otros colegas que han avanzado en el mismo tema o en sus proximidades de las que nosotros abordamos. En todos los casos es de orden, es ético, respetar ese trabajo y por ejemplo, citarlo si corresponde. El cuestionamiento honesto, el rigor documental, la búsqueda de la objetividad, la cautela a la hora de dar por sentada las conclusiones, la cortesía con el colega, la cita de fuentes son conductas que debe seguir el investigador.

Estas características reseñadas y las características primordiales del oficio de historiador apuntan – al decir de Marrou – a señalar un historiador ideal. Esta búsqueda del ideal es ciertamente en su perfección un imposible; debe ser sin embargo la meta de quienes nos embarcamos en esta ciencia y oficio de historiar. A nuestro entender, implica cariño y perseverancia sin desmayos en la labor. Todos los que coincidimos en estas premisas esperamos ser aceptados, al decir de Lucien Febvre[52] , bajo los pliegues del peplo de la benevolente Clío. Es un gran desafió que asumimos a conciencia.

 

 

 

 

 


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Fuentes

 

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[1] El territorio que hoy conforma el Uruguay fue conocido inicialmente como la ‘Banda Oriental’ con relación al Río de la Plata y sus habitantes denominados como orientales y no uruguayos durante todo el siglo XIX. Esto fue de recibo durante la mayor parte del siglo XX, y aun esta vigente para muchos. Significa en los hechos una identidad común solo separada por los ríos en el ámbito platense.

[2] Carlos Real de Azúa: Montevideo, el peso de un destino, p. 15.

3 Washington Reyes Abadie, y Alfredo Vázquez Romero: Crónica General del Uruguay, Tomo I p. 454.

[4] Reseñemos brevemente: Invasiones inglesas: 1806-1807, Sitio de las fuerzas autonomistas: 1811 a 1814, ocupación por parte de efectivos de Buenos Aires: 1815, ocupación luso-brasileña: 1817-1828, con los correspondientes sitios de las fuerzas patriotas.

[5] Renzo Pi, y Daniel Vidart: El legado de los inmigrantes (II) p. 38.

[6] Conclusiones basadas en los datos de jornales, costo de vida, oficios y ocupaciones expresados por Silvia Rodríguez Villamil y Graciela Sapriza: Los italianos pp. 70, 71,95,96,99 y J. Murray Viajes por el Uruguay pp. 49, 112 y 120.

[7] Cfr. Martha Marenales y Juan C. Luzuriaga: Vascos en el Uruguay, p.22 y José Manuel

Azcona: Los paraísos posibles. p.134. Citando a su vez a Carlos Idoate Ezqueta:

Emigración navarra del valle del Baztán a América en el siglo XIX; pp. 41 y 43. Pamplona,

1989. Los datos de los años cincuenta figuran en Ángel Arrieta Rodríguez: Emigración

alavesa a América en el siglo XIX pp. 159 y 234.

 

[8] Cfr. Martha Marenales y Juan C. Luzuriaga: Vascos en el Uruguay, p.22 .

[9] Ibídem.

[10] Juan Antonio Oddone: La emigración europea al Río de la Plata, p. 62.

[11] José Pedro Barrán: Apogeo y crisis del Uruguay pastoril y caudillesco p. 8.

[12] Ibídem. p. 11.

[13] Silvia Rodríguez Villamil: Mentalidades dominantes en Montevideo 1850-1900 p. 44.

[14] Domingo Sarmiento, citado por Barrios Pintos: Montevideo visto por los Viajeros, p. 49.

[15] El chiripa era una prenda tradicional del medio rural rioplatense.

[16] Reyes Abadie, y Vázquez Romero: Ob. Cit., fascículo 43, La Guerra Grande II.

[17] Silvia Rodríguez Villamil, Ob. Cit. p. 44.

[18] Juan A. Oddone ”Los gringos" en Enciclopedia Uruguaya N ° 26 p. 115.

[19] Jean Touchard: Historia de las Ideas políticas: pp. 398, 399, 400, 413, 414, 442 a 445.

[20] Carlos Princivalle: Purpúreo está el río como mar, pp. 268 y 269.

[21] Reyes Abadie y Vázquez Romero Ob.Cit. Tomo III p. 123. La pulpería era un expendio de

bebidas y tienda de ramos generales.

[22] Darcy Ribeiro: El proceso de la civilización, p. 104.

[23] Reyes Abadie y Vázquez Romero, Ob. Cit. tomo III pp. 1 y 310.

[24] La Asociación Española 1ª. De Socorros Mutuos fundada en 1853 tiene hoy mas de 150

años después el complejo hospitalario privado mayor del país y según afirman uno de los mayores de América Latina.

[25] Citado por Aníbal Barrios Pintos: Cronistas de la tierra purpúrea p. 109 y en conceptos de Xavier Marmier: Buenos Aires y Montevideo en 1850 , p. 35.

[26] Este sub. capitulo se basa casi en su totalidad en el trabajo monográfico de pasaje de

curso que efectuamos en co autoría en 1988, y que recibió el juicio de sobresaliente y

Publicación. Recién pudo efectivizarse dicha publicación, la monografía en sus aspectos

esenciales en 2003

[27] Marcelino Iríani: Los vascos y las cadenas migratorias, 1840-1880.

[28] Renzo Pi y Daniel Vidart Ob. Cit. p. 8.

[29] Alberto Irigoyen: Laurak Bat Montevideo 1876-1898. Ob. Cit. Citando a su vez a Alfredo R.

Castellanos Dos informes de la R. O. Del Uruguay en 1834 y 1835, pp. 42 y 43. Montevideo

1958.

[30] Martha Marenales y Juan C. Luzuriaga, Ob. Cit. p. 20.

[31] Martha Marenales: La aventura vasca, destino Montevideo. p.107, citando a

Saint_Leger y Dalbert, Sur l’emigration des basques-francais en Espagne, Paysan du

Labourd, 1857-1858, N° 4 P. 24.

[32] José Manuel Azcona, Ob. Cit. p.135.

[33] José Manuel Azcona, Ob. Cit. p.126 y ss.

[34] José Azcona, Fernando Muru e Inés García-Albi de Biedma: Historia de la Emigración vasca al Uruguay. p.42

[35] Revista de la Asociación Rural del Uruguay. Año IX. N ° 13, 15.07.1880, p. 333. Citado por Irigoyen, Ob. Cit. p.36.

[36] Irigoyen, Ob. Cit. Cit. pp. 36 y 37. A su vez a Laurak- Bat, Año VII, n ° 121. 08.03.1883.

[37] Martha Marenales, Ob. Cit. pp.154 y 155.

[38] Loreley de los Santos y Juan Carlos Luzuriaga: Mentalidades y Santoral en Montevideo 1800- 1864. El Impacto de la inmigración. pp. 145 y 147.

[39] Ibídem. pp. 127 a 129.

[40] Este párrafo esta basado en el referido trabajo de Alberto Irigoyen.

[41] Martha Marenales y Juan Carlos Luzuriaga, Ob. Cit. pp. 21 y 26.

[42] Alberto Irigoyen, Ob. Cit. pp. 140 y 141.

[43] José Pedro Barrán: Historia de la sensibilidad en el Uruguay, tomo II (1860 -1920) p.21.

[44] Prologo a: Laurac Bat de Montevideo, Primera Euskal Etxea del Mundo 1876 – 1898.

[45] Problemas económicos han impedido que a la fecha esas ponencias se publiquen y estén por tanto al alcance de todos los interesados en la temática.

[46] Irigoyen, Ob. Cit. p. 64.

[47] Son de inicios de los años cincuenta las primeras promociones de Licenciados en Historia de la Facultad de Humanidades y Ciencias, de la Universidad de la Republica. Asimismo, en esos años surgen los primeros docentes egresados del Instituto de Profesores Artigas (I. P. A.). Este centro de formación cubre las necesidades de la enseñanza media del país. En Uruguay no existe el doctorado en Historia.

[48] Martha Marenales, se doctoro con su tesis de tercer ciclo: Contribution a l’etude de l’ inmigration en Uruguay au XIXe siecle: les Basques, en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, en Paris en 1981. José Manuel Azcona hizo lo mismo con su tesis, Los paraísos posibles en la Universidad de Deusto. El libro publicado es una síntesis de la misma.

[49] Azcona, Muru, García – Albi de Biedma, Ob. Cit. p. 100

[50] Por ejemplo en las pp. 74, 76,80 81, entre otras.

[51] José Azcona: Los paraísos posibles, p.39

[52] Lucien Febvre, Combates por la Historia, p. 176.


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