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EuskoSare > Communities > Ikertzaileak > EHMG II Seminar > Presentations > El status femenino: dotes y arras de vascos y navarros y sus descendientes en territorios rioplatenses en épocas del antiguo régimen


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Nora Siegrist de Gentile
Buenos Aires, Argentina.
2006-01-25 17:36
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El status femenino: dotes y arras de vascos y navarros y sus descendientes en territorios rioplatenses en épocas del antiguo régimen

La dote es un elemento determinante para conocer el nivel económico de un grupo de la población y sus alianzas de cohesión social. En el presente análisis, se exponen las dotes recibidas por los vascos y navarros y las cedidas a las descendientes de éstos entre los siglos XVII-XVIII relevadas en archivos y en diferentes fuentes bibliográficas argentinas, americanas y europeas. Desde el punto de vista metodológico se da cuenta de la riqueza de la documentación, a partir de la cesión del capital que se brindaba al futuro contrayente. En el trabajo se caracteriza jurídicamente la dote; se brinda información sobre el nivel económico de la población; se señalan los núcleos familiares y funcionarios reales, entre ellos, los que fueron virreyes del Río de la Plata. Si bien las series de dotes están constituidas por la integración de las mismas, otra cosa fueron los actos positivos derivados de su entrega real. Cabe destacar que los temas históricos que recogen la dote con mención nominal en el ámbito rioplatense son mínimos y -por lo general- tratan situaciones aisladas. Sin duda, una mujer con dote tuvo, en épocas del Antiguo Régimen, mayor posibilidad de obtener un buen candidato nupcial. Hubo exclusiones a esta regla cuando fue portadora de un apellido reconocido y, en especial, hidalgo. Las áreas genealógicas e históricas son fundamentales para cubrir un marco poco explorado en la historiografía argentina y colonial americana. La documentación del Archivo General de la Nación de Buenos Aires, Argentina, presenta la oportunidad de descubrir, en los casos más representativos, algunos juicios resultantes del incumplimiento de su entrega y aspectos controvertidos que se presentaron entre las partes.

Posibilidades metodológicas

La dote fue la cantidad de dinero otorgada- la mayor parte de las veces- por la familia paterna de la novia al futuro cónyuge antes o después del matrimonio[1]. Esta cesión, documentada, se otorgó a las hijas habidas en legítimo matrimonio celebrado y anotado por la Iglesia Católica y también a las hijas naturales fueran reconocidas o no. De hecho, esto último no fue obstáculo alguno para que los padres otorgaran dote a sus hijas, ya que estaba en las costumbres derivadas de la vida cotidiana y en la legislación imperante en el territorio Hispanoamericano en donde estuvieron incluidas las tradiciones vascas y las navarras.

La historiografía argentina no ha relevado aún, de manera general, las series de dotes de la mujer antes de la independencia[2], si bien desde el punto de vista metodológico la interrelación con áreas de otras ciencias ha avanzado en los últimos tiempos en el conocimiento de múltiples cuestiones. Entre ellas ha quedado determinado el significado de la dote desde el punto de vista jurídico, sobre el que existen estudios puntuales[3]. A su vez, desde la óptica de la genealogía[4], ha permitido esclarecer las filiaciones de progenitores conocidos o desconocidos y todas las derivaciones de entronques de familia. Varias proyecciones más surgen desde el ámbito de la Historia[5] y, en éste apartado, en lo relacionado con los marcos de análisis económicos y sociales. Un hito de interés es el de la valoración de las medias de las dotes ya que permite conocer cuál fue el nivel social en donde se otorgaron las mayores, con el consiguiente estudio de la elite regional. En este aspecto, la apreciación analiza –asimismo- la categoría social hidalga o de nacimiento común, en la sociedad de los siglos XVII-XVIII estratificada en clases y castas sociales. En este sentido, se ha dicho que “…fue costumbre ancestral, desvincular a las mujeres de la familia en el acto del matrimonio, entregándosele para ese fin, su parte hereditaria”[6]. Igualmente, los aspectos psicológicos derivados de los reclamos femeninos haciendo valer sus derechos dan pie, a enlazar un sinnúmero de temas ricos a los estudios de género.

El tema de la dote puede también ser estudiada a partir de las contribuciones literarias. De hecho, ello fue abarcado a lo largo del tiempo por la novela picaresca como objetivo satírico de difusión[7].

En la conjugación de un análisis histórico-genealógico-metodológico la dote presenta algunas facetas de indagación, a partir del mismo momento en que quedaba protocolizada ante escribano, la que era aceptada por el novio mediante el correspondiente recibo. No obstante, en ocasiones se presentaron problemas, entre ellos, los que a continuación se enumeran:

1) -Que se no se diera validez a la promesa de transmisión de la dote por parte de quien la otorgaba, mediante la entrega real;

2) – Que por incumplimiento o fallecimiento del padre o la madre no se arribara a la cesión;

3) -Que una vez documentada la dote, el novio no aceptara casarse, por lo que la dote volvía al patrimonio vasco familiar;

4) -Que la novia habiendo entregado sus padres la dote no aceptara finalmente casarse, presentando el novio inconvenientes para la devolución de la misma, aduciendo la falta del compromiso familiar.

5) -Que hubiera anulación del matrimonio debido a serios problemas conyugales (juicios de disenso en donde intervenía la Iglesia con participación de la autoridad civil);

6) -Que los hijos de un primer matrimonio disputaran su patrimonio legítimo, entre ellos la dote de su progenitora fallecida, ante el segundo casamiento del padre biológico, viudo;

7) Que las dotes y las arras no pudieran ser abonadas en su totalidad por los problemas derivados de las guerras de la Independencia.

8) Que algunos amigos o familiares no directos del novio pagaran el importe de la dote ante la falta de posibilidad económica del mismo, fuera por falta de dinero o por encontrarse transitoriamente sin tenerlo.

Como se observa, éstas son sólo algunas de las múltiples situaciones de hecho y de derecho que se presentaron en el marco bonaerense. No fue distinto lo ocurrido en el interior del territorio que, a partir de 1776 se convirtió en el Virreinato del Río de la Plata. Se han podido recopilar varias dotes, por ejemplo, de las hijas de vascos en el Tucumán[8].

Por su lado, las arras representaban el dinero que el novio otorgó a la mujer –también se dieron casos de cesión luego del matrimonio- en mérito, se decía, a la nobleza y virtudes de la novia.

Ellas representaron el 10% del capital del marido, pero es común observar en los documentos mayor o menor valor. Las arras fueron consignadas con la mención de que se otorgaban en mérito a su virginidad y pureza[9], en los casos del primer matrimonio de la novia. Cuando enviudaba y volvía a casar se destacaba la nobleza de su estirpe, si ello cabía en tal afirmación.


Estado jurídico de las descendientes vascas y su posibilidad de dote

No es necesario aclarar el derecho a la herencia de los hijos habidos en legítimo matrimonio. Por su lado, los hijos naturales se clasificaban, según su nacimiento, en “fornecinos o nothos”, si habían nacido en adulterio como consecuencia de la unión de una persona casada con alguien que no era su cónyuge. Igualmente hubo los llamados, “manceres o hijos de mujeres públicas”; “los espurios o hijos de barragana o concubina”; finalmente, los incestuosos que llegaban al mundo por la unión con algún pariente directo o persona en religión. La manera de nacer –como se entiende- se vinculó directamente con el otorgamiento de la dote[10].

Es importante señalar que los hijos que nacían de una barragana o cortesana, quedaban legitimados cuando el hombre casara después con ella. En esta categoría el padre, “aunque tuviera otros hijos legítimos, podía legitimar el hijo natural. Esto se debía a que “habido en barragana[11] libre, que tuviese por muger, llevándolo, con su consentimiento, á la Corte ó al concejo de la ciudad o villa donde fuere, diciendo públicamente ante todos: este es mi hijo habido en tal muger, y lo doy al servicio del concejo[12].

Al respecto Kluger afirma que el hijo natural podía llegar a ser de “condición igual a la del legítimo, por la legitimación, la cual se hace de varios modos: por merced Real, por escritura pública, o por testamento, etc”. Y agrega: “no sólo de este modo se hace capaz el hijo natural de los honores que pertenecen a los legítimos, sí también sucede á los bienes paternos á falta de legítimos[13]. Todo ello estuvo en relación con lo que igualmente podían recibir las hijas mujeres, entre ello, la dote.

En lo anterior existieron excepciones. Era un principio general que “deben ser creídos el varón y la muger que niegan ser hijo suyo alguno, si no se prueba lo contrario con indicios y testigos”, pero no era legítimo “el hijo que tuvo de adulterio la muger viviendo el marido, tanto si habita con éste, como con el adúltero”, y no podía ser legitimado el hijo “de la barragana viviendo la muger velada, aunque después de la muerte de esta se case con aquella[14].

Una última acotación antes de entrar al tema de las descendientes de vascos en Buenos Aires, fue el que incluía que el hijo natural de aquél que murió intestado, concurría con la sexta parte a la herencia. Esta debía ser partida con su madre, sin que pudiera impedirlo la esposa casada por la Iglesia, viuda del difunto[15].

Veamos algunos casos que ocurrieron en la ciudad cabecera del Río de la Plata de hijas naturales de vascos que tuvieron dote propia y en los aspectos legales funcionaron como legítimas, al ser expresamente reconocidas. Entre ellos, se destaca la de Da. Tomasa de Acassuso. Su padre biológico, Domingo de Acassuso, nacido en el Concejo Zalla, Vizcaya, fue dotada con la destacada suma de $8.000. Ésta, al igual que sus otros tres hermanos quedaron legitimados por sentencias del 25-7-1726 y del 12-6-1730, dadas en Buenos Aires. Cabe acotar que en ningún momento el status de Da. Tomasa decayó por ser habida naturalmente; por el contrario, fue dama de la sociedad. La nombrada, casó con Martín de Jiles (o Giles) y más tarde, viuda, contrajo nupcias con Francisco de Araujo[16]. Ellos conformaron un matrimonio que se dedicó permanentemente a favorecer al culto mediante donaciones, obras piadosas e, inclusive, construcción de Iglesias en Buenos Aires.

Pero no todas las mujeres de la sociedad porteña, al momento de casar, recibieron dote, ni aún cuando fueran descendientes legítimas. Hubo algunas que ingresaron sólo con la “decencia de su persona”, situación también declarada por los hombres cuando expresaron no haber ingresado capital al matrimonio.

Los montos de dotes de hermanas de una misma familia variaron a través de los años aumentando o decreciendo en el valor otorgado. Esto podía ocurrir debido a los avatares de la economía paterna y a los giros de sus negocios. Un problema fueron las guerras constantes que no permitieron que algunos mantuvieran el nivel de los patrimonios originales. Así ocurrió, por ejemplo, con las dotes ingresadas al matrimonio por las hijas de la familia Avellaneda-Labayén. Gracias a la documentación, consta que Agustina, hija legítima de Gaspar de Avellaneda y de Juana de Labayén, que casó con el vasco Antonio de Larrazábal, aportó en 1706 como dote $10.000. Por su lado él contribuyó con arras de $1.000. Años más tarde, en 1715, su hermana de sangre Francisca Avellaneda casó con Basilio Langlois, nacido en Francia. En esta ocasión, la dote que se le brindó fue sólo de $2.877[17].

En torno de los montos de las dotes cabe acotar un caso peculiar, que estuvo representado por una dote en dinero ($8.000) que si bien era destacable, no lo fue en proporción con las tierras recibidas de sus mayores. Bien puede aducirse que por entonces los campos tenían un valor muy diferente al actual, pero la especial cantidad de hectáreas que María Rosas Giles (fallecida en 1733) obtuvo de sus mayores en el orden de 86.000 hectáreas de campo en San Antonio de Areco[18] -en lo que sería la Provincia de Buenos Aires -además de $7.000, al casar con José Ruiz de Arellano, nacido en Villa del Milagro, Navarra, exime de todo comentario[19]. Otra dote de gran importancia, fue la recibida por Juan de Lezica y Torrezuri, de Cortezubi, de manos de la familia de su novia, María Elena, hija legítima del guipuzcoano Felipe de Alquiza y de Juana María de Peñaranda. La contrayente, llevó al matrimonio la hacienda de Coca en la región de Yungas, localidad geográfica cerca de Coripata[20], tasada en $12.000; además de $2.000 en plata, una “chacarita en el Valle de Ytopoto, por valor de $2.500; una mulatita, plata labrada y joyas”. El total ascendía $17.530 y 4 reales.

Por último, es de consignar que el hombre vasco podía ser dotado, pero no se ha encontrado para Buenos Aires datos con este nombre que permita aseverarlo. Sin embargo, consta esta circunstancia en las antiguas costumbres vascongadas, en donde existió un espíritu igualitario de imposición de dotes ya fuera en la cabeza femenina o masculina:

“El cónyuge dotal podía ser lo mismo el hombre que la mujer. Siendo el marido, el tomaba el nombre de la casa de su mujer, y también los hijos nacidos de esta unión”[21].


Juicios vascos de separación: consecuencias en las dotes y en las arras

Hubo juicios de separación en donde las dotes llegaron a ser devueltas; ello representa un rico material de consulta para observar el reintegro de la dote por parte de la que conseguía la separación, amén de la parte correspondiente de los gananciales desde el mismo momento del casamiento. Por su parte, la viuda, recibía la parte correspondiente de su dote y, en las sucesiones, la parte que le tocaba como cónyuge legítima. Son escasos los ejemplos, si bien existen, en que debido al adulterio de la mujer no fue reintegrada la dote, quedando la misma en poder del marido.

Un caso poco común fue la pérdida de la dote de Ignacia Rodríguez de Figueroa, casada con el guipuzcoano Nicolás de Echeverría y Galardi, nacido en 1700, hijo legítimo de Domingo de Echeverría y de Antonia Galardi. La pareja había contrajo matrimonio en Buenos Aires el 4-9-1730. Ella era natural de ésta ciudad; descendiente del Cap. Diego Rodríguez de Figueroa y López Camelo. La pareja llegó a tener una hija legítima; él dos hijos naturales. Debido a la liviana conducta que presentaba Ignacia, él planteó juicio de divorcio. Los cargos eran graves: adulterio reiterado, malos tratamientos de la misma en su persona e, inclusive, “una tentativa de envenenamiento[22]. En este estado de cosas y luego de 16 años de matrimonio, la demanda fue iniciada por Nicolás de Echeverría y Galardi en un juicio poco común, excepcional, en donde él insistió en la corrupción de su mujer:

“…llegó a maquinar quitarme la vida propinándome veneno en un guiso, y procurando con fementidos halagos me alimentase de él, que hubiera conseguido sino me halla prevenido la noticia caritativa de una criada, a quien se le trastujo este intento, que habiendo salido ileso reiteró segunda vez, pero como la cautela y recelo duraba en mi pude escapar de este riego, todo lo cual consta a V.S. Ilma. Por su propia confesión, cuando por queja mía interpelé su piadoso tribunal, respirando de este dolor”[23].

Llegó a comprobarse que el veneno era del tipo “solimán crudo”, es decir óxido de mercurio, que la cocinera vio echar en un guiso, por lo que le alteró su color, “blanqueándolo”[24].

Echeverría y Galardi también señaló que lo había querido matar con una espada y que olvidando el respeto al “tálamo conyugal”, lo había trasgredido con repetición, tomando relaciones con diferentes sujetos. Adujo que la mujer le había arrojado un cuchillo y “se trababa en lucha con él”, en serios estados de embriaguez.

En épocas en que –además- la discriminación racial era un hecho, aquél adujo que su mujer había tenido relaciones ilícitas con un mestizo; otra con un negro (a quien desterraron a Montevideo); con un mendocino; “algún peón de estancia”; posiblemente un portugués; etc. Como es de imaginar, la justicia eclesiástica no tardó en llegar, no obstante pertenecer Da. Ignacia Rodríguez de Figueroa a una tradicional familia porteña. La sentencia, dictada el 2-12-1747, declaró que la misma en pena de sus delitos, perdía su dote, arras y demás bienes gananciales “que se hubieran adquirido durante el matrimonio contraído”[25].

Como relato final cabe agregar que la demandada no perdió la posibilidad de llevar luego una vida digna (si bien adujo que el marido nunca le pasaba dinero y que ello la había llevado a un grave estado de necesidades), por lo que se estipuló que Echeverría y Galardi debía entregarle a ella $8 cada mes, para el sustento de su comida, vestuario y demás, “so pena de excomunión”.

Los resultados del juicio fue el depósito de Ignacia Rodríguez de Figueroa en “casa honesta”, cual costumbre de la época y la separación definitiva de ambos, para que vivieran “apartados”. Tiempo más tarde, en 1748, el Cabildo Eclesiástico proporcionaría a la primera, casa, criada, $12 mensuales y “50 arrobas de cebo al año”[26].

Este es uno de los casos excepcionales –conocidos- en que la dote fue quitada a su poseedora, en una época en que la mujer no poseía mayores derechos. Evidente es, asimismo, que las penas estuvieron en relación con quienes las producían, sin poder llegar a saberse a ciencia cierta qué mecanismos internos llevaban al marido a no entregarle dinero para mantenerse. La verdad de los hechos -a pesar de la declaración de los testigos- nunca llegará a saberse.

Entre los juicios que se conocen, también existió el caso del vizcaíno alférez Luis de Brito y Alderete, alguacil mayor de la ciudad casado en San Juan de Cuyo con Juana de Lemos; hijo legítimo del hidalgo Juan de Brito, éste nacido en Osuna, Vizcaya, y de Victoria de Alderete. El largo escrito que el demandante entabló, presenta la situación de que su matrimonio no había sido un “sacramento perfecto”. Relató con precisión que, en una ocasión, había sido tomado por los parientes de su posterior cónyuge en la misma puerta de la casa y que fue obligado a darle palabra de matrimonio con presiones gravosas “queriendo darle garrote”. Que en tal estado, apremiado, aceptó casarse sin llegar a consumarlo. Que había tenido relación con una prima hermana de su mujer y que, ésta, tenía tres hijos naturales. En este caso, finalmente, el Provisor admitió la nulidad del matrimonio de los primeros por lo que poco tiempo después Brito y Alderete contrajo matrimonio con María de Peñalva y Sosa, nacida en Buenos Aires, hija legítima de Toribio de Peñalva y de Ana de Sosa[27]. En este caso no se conoce el destino de la dote pero es de suponer que volvió a poder de su legítima propietaria.

Por otro lado, hubo juicios entablados a novios por algunos progenitores de mujeres próximas a casar, por la devolución de la dote, al no haber cumplido éstos su promesa de casamiento. Estas actitudes interrelacionan varios de los puntos enunciados al principio de esta colaboración con respecto a aspectos metodológicos que se dieron en relación con la dote en épocas del Antiguo Régimen.

Fue el caso de Manuela Josefa Juana Albín, hija legítima del vizcaíno Melchor Albín y María Antonia de Sousa, nacida en Buenos Aires en 1773. Su padre fue un conocido funcionario del Rey, encargado de la administración general del correo, nacido en Balmaceda en 1744[28]. En épocas del noviazgo, la mano de Manuela fue brindada a Juan José de Arana y Gardeazábal, descendiente de vasco[29], quien pertenecía a una conocida familia del medio. Este, arrepentido de haber ofrecido a aquella su palabra de casamiento, desistió de contraer enlace. No obstante, consta en su testamento que dejó la importante suma de $4.000 como compensación por su falta, encargando a su albacea, el vasco de Encartaciones, José Mateo de Echeverría, le entregara $200 por año, según disposición del 9 de junio de 1797. Como esta entrega no se adjudicó, Albín hizo nuevo juicio al administrador por reparación moral y por falta de cumplimiento hasta que, finalmente, en 1816 esa deuda les fue totalmente reconocida. La que fuera novia de Arana y Gardeazábal contrajo más tarde enlace en Montevideo con el vasco José María de Echandía e Izarra[30], ayudante del regimiento N° 10 de esa plaza.

Es interesante agregar, que el mencionado José Mateo Echeverría, casó por su lado con Josefa de Insúa. Figura en la documentación otra problemática que suscitó, ya que “Invirtió la dote de su esposa y los dineros de su cuñada en la compra de 6 leguas de campo en Matanza”, sin su consentimiento, donde tenía oratorio con capellán efectivo, al que pagaba $100 de sueldo, más casa y ropa limpia. Murió en 1816, sin sucesión. Tuvo un hermano, José Echeverría (miembro de la Sociedad Vascongada de Amigos del País), que casó con su cuñada Cecilia de Insúa.

Un desistimiento conyugal por parte del novio y sus lógicas consecuencias psicológicas-materiales y de habladurías en contra de la novia, fue la del descendiente del vasco Juan José de Echeverría, radicado en el partido de la Matanza, en el radio suburbano de la ciudad, con seguridad, por el apellido y la ubicación, pariente del anterior. Juana de Echeverría y su progenitor entablaron juicio contra Bartolomé Gutiérrez de Paz y Velasco, por incumplimiento de la palabra de matrimonio. Este declaró en su disculpa ante el juez civil que al momento de brindar su promesa de matrimonio era menor de edad. Como se expresó, en esta situación, la novia no sólo perdía a un futuro esposo sino que su status se veía perjudicado por el desaire.

A su vez, entre los casos en que la dote ofrecida no pudo ser totalmente cobrada, figura Magdalena de las Carreras, hija legítima del vizcaíno José Francisco de las Carreras y Josefa de Inda. La novia había aportado al casamiento la importante cantidad de $26.665 (en otro lado se expresa que fue de $20.665), formada por alhajas y muebles, esclavos, ropa, además de dinero a cobrar. El vasco Martín de Alzaga quien fue ejecutado en 1812 por contrariar los afanes revolucionarios de las nuevas Repúblicas en formación, sólo llegó a cobrar $16.590[31].

También, una situación similar sufrió el bilbaíno Domingo de Urién, del grupo familiar de los Basavilbaso-Azcuénaga, que no pudo llegar a cobrar la totalidad de la dote que le fuera prometida a su esposa. En su testamento dijo que dio carta de pago, lo que era igual al recibo que el novio entregaba por el monto de dinero de la dote, pero que de la misma había recibido una parte, faltando $ 2.220, 5 ½ reales y 70 marcos. Los reclamó a Manuel Basavilbaso, albacea de Domingo Basavilbaso, el primero cuñado y, el segundo, su suegro, “pero no le pagó[32].

Las dotes (o lo que quedaba de ellas), fueron utilizadas por las esposas al enviudar[33]. En ocasiones, ello fue motivo de múltiples conflictos y de lentas tramitaciones judiciales, tema que brinda especiales posibilidades a las investigaciones de la Historia del Derecho, lo que escapa al presente espacio y análisis de estudio.

Una peculiar situación, en relación con las nuevas órdenes emanadas de los revolucionarios, luego de 1810, fue también la derivada de la confiscación de los bienes de los que habían sido aliados del Rey. Entre los variados juicios que produjo, se encontraron las dotes y las arras.

Esta cesión del patrimonio de los padres a sus descendientes mujeres permite observar varias alternativas en relación con el núcleo familiar y su situación económica a la par que, en otras, define los lazos amistosos de personas allegadas que, ante la pobreza de la próxima a casar, legaba para su beneficio parte de sus bienes. En relación con ese primer punto no es necesario expresar que la protocolización de la dote o su mención en juicios sucesorios o de disenso matrimonial, siempre llevó incluida la filiación de los que deseaban casarse. En la segunda cuestión, el monto de la dote revela el poder económico de los progenitores y/o parientes o conocidos y es un índice de aclaración de la posición social que tenía la familia de la contrayente y su condición o status social.

Por último, fue encontrado un navarro al que la esposa le entabla un juicio de divorcio. Fue el que caso en Buenos Aires de Lucía Velásquez y Meléndez, h.l. de Francisco de Velásquez y Meléndez y de Catalina de Vergara, que casó con Martín de Segura, de Corella, Navarra, en 1657, descendiente legítimo de Domingo de Segura y de Margarita Gaztelú y Baigorri. El tal Martín, fue sobrino del gobernador Pedro de Baigorri y Ruiz, a quien acompañó al Río de la Plata en 1653. Luego de 22 años de matrimonio (la novia antes de casarse había sido raptada por el nombrado) y debido a la situación de extrema tirantez de los cónyuges, se hizo lugar a la separación del matrimonio. Ello produjo que Lucía fuera “depositada” en casa del vasco de Hermúa, Cristóbal de Loyola; es decir, en casa honesta. Más tarde, ella fue trasladada a la casa de su tío, Juan de Oramás. Se estipuló restitución de la dote legítima (la que no se menciona pero por fuentes ubicadas en el Archivo General de la Nación de Buenos Aires, se sabe que ascendía a la importante suma de $10.000 en plata acuñada y labrada, amén de esclavos, ropa y alhajas[34]), “…y otros cualesquiera bienes que hubiese llevado a su poder después de contraído el matrimonio, con más la mitad de los gananciales, con 12 reales diarios de recargo mientras no se cumpliese la sentencia”[35]. En tales diferencias, lo notable del asunto fue que al momento de fallecer Martín de Segura, el matrimonio se reconcilió. No obstante, y a pesar de la muerte señalada, volvieron los pleitos, por un legado que Segura había hecho a favor de un sobrino, Domingo de igual apellido por valor de $4.000. La viuda, Lucía Velásquez y Meléndez, no quiso cumplir tal cláusula testamentaria por lo que renunció a su herencia, y llegó a aceptar el peso diario de sustento, más las costas de los doce reales punitivos. Estas sumas, al estar así acrecentadas por el transcurso del tiempo habían pasado a representar -al momento del expresado reclamo-, un monto mucho mayor al valor de los $4.000. Es de lamentar, que el desenlace final de estos largos juicios son desconocidos, al momento del fallecimiento de la nombrada el 5-2-1696[36], por la correspondiente falta de documentación. En la historia de esta pareja cabe acotar que, más allá de la indicada problemática de los cónyuges, Martín Segura dejó una hija natural, Da. Ana de Segura y Cáceres[37].


Dotes brindadas a los novios y esposos vascos en Buenos Aires. Siglos XVII-XVIII

Una nómina de los apellidos masculinos vascos o descendientes de éstos, lleva a observar las cifras de las dotes que recibieron de sus novias en Buenos Aires. La siguiente muestra es representativa de los valores que se manejaron en la Ciudad, obtenida a partir de una amplia bibliografía. Se desconocen algunas de las dotes de importantes mujeres descendientes de vascos como, igualmente, muchas de las que recibieron los novios al combinar sus conciertos matrimoniales. Asimismo, no ha sido posible asentar las dotes brindadas a las mujeres años después de los matrimonios, fuera por su propia familia o por personas ajenas a las mismas. Es posible, que las mismas aparezcan al revisarse otra documentación en los legajos del Archivo General de la Nación de Argentina. Las fechas corresponden al momento en que se expidió carta dotal. La Sigla FV representa que los novios casaron con mujeres vascas y/o descendientes de éstos. Por su lado, FVN, indica la relación de un vasco con familia navarra. Se han incluido los lugares de nacimiento cuando los mismos aparecían en los documentos[38]. Finalmente, se coloca C: (Circa) para mencionar las fechas aproximadas de los aportes dotales.

Cuadro de Referencias

APELLIDO-NOMBRE DEL POBLADOR VASCO O SU DESCENDIENTE

PROVINCIA DE ORIGEN

LUGAR DE NACIMIENTO

Fecha de la Carta dotal

Cuantía de la Dote, fundamentalmente, en pesos

Nombre de la cónyuge

Relación: Familiar

AGUIRRE, Juan Bautista

Desc. de guipuzcoano

C: 1674

2.700 y otros bienes

Antonia de Salazar

FV

ALDUNATE Y AGUILAR, Bartolomé

Desc. de navarro, de Berosain

C: 1708

10.000

Ana Báez de Alpoim


ALMORIÑA CARO, José de

Vasco

22-3-1775

2.836 y 4 reales

Francisca Javiera Galain y Sorarte

FVN

ALZAGA, Martín de

Vasco

1780

39.771

María Magdalena de las Carreras

FV

ANACAVE ANDARRÚA, José Antonio

Vasco

12-5-1732

3.293 y 4 reales

María Incolaza Jaime Y Merlos


ANZÓ, Francisco D.

Navarro

16-5-1805

6.166

María Teresa González


ARRÁIZ, Martín de

Navarro. Pamplona

30-4-1728

18.000 Arras: $1.500

Tomasa de Larrazábal

FV

ARROYO Y ARTEAGA, Francisco

Desc. vascos línea materna. 3er. matrimonio

1699

14.000

Tomasa Ruiz de Robles


ARTAYETA ARANZUAGA, Bernardo

Vasco

10-11-1794

1.000

María Estefanía Centurión


ASQUE E INSAUSTI

Guipúzcoa. Villa de Leyría

22-4-1699

11.000

María de Aldunate y Rada-Aguilar Salvatierra

FV

ASTUENA, José de

Vizcaya San Martín de Liébana de Arueta

20-3-1766

21.000

María Josefa Rodríguez de Vida


AVENDAÑO, Mateo de

Desc. de vascos de Vizcaya. Orduña

C: 1658

1.650, una chacra, 6 esclavos, etc.

Beatriz de Alderete

FV

AZCUÉ E INSAUSTE, Juan de

Guipúzcoa. Alegría

C: 1699

11.529 (en bienes)

María de Aldunate y Aguilar y Salvatierra

FV

AZCUÉNAGA, Vicente de

Vizcaya. Dima

2-6-1752

25.751[39] Arras: 4.500, más $3.200 en ajuares

Rosa de Basavilbaso

FV

AZCUÉNAGA, Juan Bautista[40]

Desc. vascos

1775

4.000 “dobles”

Juana Rosa Bozo


AZOCAR, José de

Desc. vascos

---

4.000

Juana de Ovando

FV

AZPIAZU Y URRUTIA, José

Vasco

1758

5.133 y 1 real

María Isabel de la Palma

FV

AZUAGA, Miguel Antonio de

Vasco

3-2-1734

21.508 y 4 reales[41]

Isabel Rosa González Marín


BASAVILBASO, Domingo

de

Vizcaya. Orozco

1730

11.373.

Arras: $ 1.000[42]

Rosa de Urtubía

FV

BAZURCO, Francisco

Guipúzcoa. Motrico

1697

9.805 y 6 reales

Juana María de Herrera Labayén


BELÁUSTEGUI, Francisco Antonio de:

2do. Matrimonio

Vizcaya. Forura

C: 1798

3.853 y 4 reales + 3.019 + 4.800 pesos plata + 2 casas + esclavos,alhajas, etc.[43]

Melchora Rodríguez Sacristán


ECHAVARRÍA, Mateo o Matías

Posibl. des. De guipuzcoano

16-10-1789

2.330. Arras: $ 600

María del Carmen González del Pozo


ECHAURI, José de

Navarra

21-3-1722

6.325 y 2 reales Arras: $ 1.000

María Josefa de Andújar

FV

EGUÍA Y GARMENDIA, Juan

Navarra

18-3-1736

10.000

Jerónima de San Martín

FVN

ELORGA, José Ramón

Vasco

-----

5.175

Francisca Enríquez[44]


ELLORIAGA, Juan B. de

Vizcaya. Durango

20-1-1800

8.691

María Leocadia Segurola

FV

EREZCANO, Agustín de

Vizcaya. Bilbao

1778

20.000[45]

Arras: $ 1.105

María Eugenia Azcuénaga

FV

ESCUTI, Miguel

Vizcaya. Encartaciones

C: 1804

10.500

María Inés Lezica y Vera

FV

EZCURRA, Asencio de

Desc. de navarro

1714

4.479

Juana de Arciniegas

FV

EZCURRA, Orencio José A.

Desc. de navarro

26-3-1750

1.858

Rosa María Lara


EZQUIAGA, José Miguel

Vasco

----

10.000

María Ciriaca Maza

FV

GALAÍN, Martín de

Navarro. Arroz.

1734

3.000.

Arras: $ 2.000

Francisca de Sorarte

FVN

GAMBOA, Diego

Desc. de navarro

17-5-1615

1.574

María Martín


GAMBOA, Martín de

Navarro

6-11-1727

1.700

Arras: $ 1.000

Dionisia Morón


GARCÍA DE OLLOQUI, Pedro José

Navarra

C: 1718

3.800.

Arras: $ 500

María Martina de Sosa y Monsalve


GARDEAZÁBAL, Luis de

Vasco

1771

Arras: 3.000

Josefa A. López de Cossio


GONZÁLEZ DE LA CUADRA Y ZAVALA, Pablo

Vizacaya. San Julián de Musquez

27-4-1708

12.250

Bernarda Isabel Ponce de León


GOYCOLEA, Juan Angel

Desc. de vascos

C: 1798

6.398

María Bertina Segurola y Lezica

FV

GUEZALA Y LUNA, Pedro de

Vasco

1692

4.008 y/o 9.800[46]

Francisca Báez de Labayén

FV

HERRA Y LOYZAGA, Juan Bautista

vasco

----

9.000

Francisca Báez de Alpoim


IGARZÁBAL, Antonio de

Vasco

1707

9.127

Arras: $ 1.000

Bernarda de Rivilla

FV

ILLARADI Y ZUBIARRE, Sebastián

Guipúzcoa

1724

3.384

Arras: $ 500

Manuela Josefa Solana del Barranco y Solana

FV

INCHAURREGUI, José Santos de

Vasco

1790

20.000

María Josefa Ruiz de Gaona y Lezica

FV

ITURRIAGA, José de

Guipúzcoa. Valle de Elgobiar

1753

9.058 y medio real

Juana María de Larrazábal (viuda de J. de Otálora)

FV

LABAYÉN, Agustín de

1er. matrimonio

Guipúzcoa. San Sebastián

18-12-1646

14.000

Juana de Tapia Rancel


IDEM

IDEM

1654

2.500

María Ponce de León


LARRAVIDE [Ibarrondo], Manuel de

Santo Tomás de Olavaria. Vizcaya

23-12-1801

6.409 y 5 reales

María Josefa González de Noriega


LARRAZÁBAL, Antonio de

Vizcaya. Portugalete

1706

10.000.

Arras: $ 1.000

Agustina Avellaneda

FV

LARRAZÁBAL, Marcos de

Desc. del anterior vasco

13-10-1751

6.000

Josefa Leocadia de la Quintana y Riglos

FV

LETAMENDI, Juan José de

Guipúzcoa. Oñate


25.481

María Dolores de Segurola

FV

LEXARDE, Juan de

Marquina. Vizcaya

C: 1606

5.348

Ana Chicón Navarrete


LEZICA Y ALQUIZA, FRANCISCO

Desc. de vasco

7-6-1788

36.147 y 6 reales

María de las Nieves Reyna


LEZICA y TORREZURI, José

Vasco

1756

24.236

¿Ana Ortega Carvajal?

FV

LEZICA Y TORREZURI, Juan de

Vizcaya. Cortezubi

C: 1736

17.530 y 4 reales, formada por varias haciendas, joyas,etc.

María Elena de Alquiza y Peñaranda

FV

LEZICA, Manuel

Vasco

6-3-1781

21.000

Juana Camilo y Ochoa

FV

LOYOLA, Juan de

Desc. de vasco

5-2-1672

8.000

Ana Enríquez de Hinojosa


MARTÍNEZ DE ABERASTURI, José

Alava

C: 1684

6.500[47]

Antonia de Azócar y San Martín

FV

NARRIONDO, José de

Guipúzcoa. Mondragón

27-7-1699

11.609

Gregoria Gutiérrez de Paz


NARVÁEZ, Carlos

Desc. de navarro

1737

2.900

María Ramos


NAVARRO, José

Navarra. Corella

C: 1660

1.000, más platería, 6 esclavos; etc. Total: $10.506

Catalina Bravo de Morata

FVN

ORTIZ BASUALDO, Manuel

Vizcaya. Beci. Concejo de Sopuerta

C: 1796

8.867. Arras: 1000

María de la Cruz Segurola y Lezica

FV

OTALORA, Juan Gregorio

Vasco

7-7-1731

18.000.

Arras: $ 1.000

Juana María de Larrazábal

FV

RIGLOS, Francisco Javier

Desc. navarro

25-8-1783

30.000 y 6 reales

María Juana Nepomuceno Lezica y Ortega

FVN

RIGLOS Y BASTIDA, Miguel de. 2do. Matrimonio

Navarra. Tudela

3-1-1709

21.467 y 6 reales. Arras: $ 10.000

Leocadia Torres Gaete


IDEM, 3er. matrimonio

IDEM

1712

24.247 y 2 reales

María Josefa Rosa de Alvarado

FVN

RUIZ DE ARELLANO, José

Navarra. Villa del Milagro

Siglo XVIII

7.000

María Rosa de Giles


RUIZ DE ARELLANO, Antonio

Desc. de navarro

-----

10.000[48].

Juana Moreno de Insaurralde (nac. Asunción)

FV

RUIZ DE GAONA, Pablo

Alava. Murieta

1767

21.309

María Elena de Alquiza

FV

SAGASTIBERRÍA, Juan BAUTISTA

Desc. De guipuzcoanos


23.514 y 6 reales

Margarita de Armaza y Arregui

FV

SANTA COLOMA, Gaspar

Alava


20.028

Flora Azcuénaga


SEGURA, Antonio de

Navarra. Corella

13-6-1698

4.554 y 4 reales[49] (incluía 1.500 varas de tierra en La Matanza, esclavos, etc.)

María de Loyola

FV

SEGURA y GASTELÚ, Martín de

Navarra. Corella

C: 1657

10.000 en plata acuñada y labrada, esclavos, alhajas, etc.

Lucía Velásquez Meléndez


SEGURA, Martín de

Navarra. Corella

1693

4.181

Catalina Maciel del Aguila


SEGUROLA Y OLIDEN, Francisco

Guipúzcoa. Azpeitía

22-3-1771

20.000

Arras: $ 3.000

María Josefa Bernarda de Lezica y Alquiza

FV

SORARTE, Diego de

Guipúzcoa. Deva

1703

10.900

Juana María Báez de Alpoim


TELLECHEA, Francisco de

1er. Matrimonio

Vasco

C: 1785

7.000

Matea de Caviedes


IDEM,

3er. Matrimonio

IDEM

C: 1809

Arras: $ 10.000

Ana María Ballesteros


UCEDO Y BEUNZA, Tomás de

Navarra. Pamplona

1682

5.405 (compuesta por varios bienes)

Lucía de Salas y Montalvo

FV

UNZUETA Y ASPIAZÚ, José de

Vasco

1758

5.133 y 1 real

María Isabel de la Palma


URIARTE, Luis de

Vizcaya: Elorrio

C: 1729

2.800

Bernarda María de Guzmán


URIEN, Domingo de

Vizcaya. Bilbao

C: 1763

10.000

María Victoria Basavilbaso


VEROIS, Antonio



2.684 en bienes, más 48 ½ marcos de plata; joyas, ropa, etc. Total: $4.300

Gregoria de Salazar

Valdivia y Brizuela


VETOLAZA Y LUNA, Juan Vicente

Alava. Vitoria

C: 1711

13.000.

Arras: $ 2.000

Beatriz Meléndez y Arpide


ZAMUDIO Y SALAZAR, Juan

Vizcaya

8-9-1713

5.000

María Josefa de Pessoa y Melo


ZAMUDIO, Juan Gregorio

Desc. de vascos

30-3-1737

3.018 y 2 reales

Juana Josefa de Sarría


ZAPIOLA, Manuel

Joaquín

Guipúzcoa. Orio

23-3-1771

20.000

Arras: $ 3.000

María Encarnación Lezica y Alquiza

FV

ZAVALETA, Juan Bautista de



1.000; más otros $1.300 en un bien inmueble y una “parda” donados por Lucía de Herrera

Rosa de León


ZEBALLOS, José

Desc. de vasco

2-5-1708

4.515 y 4 reales

Francisca Navarro


ZEMBORAIN, Félix de

Navarra. Corella

C: 1768

$30.000

Manuela Sánchez de Cueto


ZUBIRÍA, Miguel de

Navarra. Echalar

12-9-1743

Varias sumas; entre ellas $4.293.

Arras: $5.433.

María Antonia de Escobar


ZUMELZÚ y ECHEVERRIA, José de

Vizcaya. Bilbao

C: 1755

1.000

Antonia Juana María de León y Aguirre

FV

Fuentes: Elaboración propia obtenida de testamentos, protocolos notariales y sucesiones. Se trata de las dotes y arras que recibieron los esposos de las contrayentes. 1 peso era igual a 8 reales. Bibliografía que menciona dotes: H. Fernández de Burzaco, Aportes…, S. R. Frías - C.A. García Belsunce, De Navarra…., S. R. Frías, Los vascos en Buenos Aires…; R. A. Molina, Diccionario…; J. Martinicorena de Vizakis, Los Vascos…., cit., etc. Las filiaciones, en C. Jáuregui Rueda, Matrimonios de la Catedral…: 1743-1823, cit.-


La recopilación de las dotes anteriores merece algunas apreciaciones. Susan Socolow, que estudió puntualmente a los comerciantes virreinales expresó, por un lado, que parte de las dotes que otorgaron los padres de gran nivel social a sus hijas, fueron espléndidas. Por el otro, que no todos dieron dotes a sus hijas, colocando el ejemplo de que la primera esposa de Francisco de Tellechea, Matea de Caviedes, no recibió dinero alguno cuando se casó. No obstante, se ha podido constatar que ella ingresó $7.000, según escritura que consta documentada y firmada ante el escribano de Buenos Aires José Echaburu[50]. Al enviudar, Tellechea casó por segunda vez con Manuela Lezica y, en esta ocasión, ella recibió de su novio en arras y donación popter nuptias, $10.000 “en plata acuñada y moneda corriente”. En efecto, el nombrado Tellechea, por 1805 alcalde de segundo voto del Cabildo, sacó del quinto de sus bienes, para el segundo matrimonio de un total de tres que tuvo, el dinero “para la señalada Manuela [segunda cónyuge] (...) que confiesa caben en los que al presente tiene y si no cupiere se lo consigna en los que adelante tuviera”[51]. Igualmente, cuando Tellechea casó por tercera vez, otorgó a Ana María Ballesteros unas arras de $ 10.000[52].

Del mismo modo, Socolow indicó haber encontrado lo que fueron dos dotes espléndidas: una, la citada de Flora de Azcuénaga por $20.029; la segunda, la brindada a una descendientes de la familia vasca Lezica-Alquiza: Juana (casada con Francisco de la Peña), a quien se dotó con $30.000[53], pero no mencionó otras dotes, como la de Francisco de Lezica y Alquiza y tampoco, en extensión, las de Ana de Azcuénaga y Basavilbaso y la de María Magdalena de las Carreras.

La tutela ejercida por los padres en la aceptación de casamiento de sus hijas se extendió -en el caso del mencionado Juan de Torrezuri y su mujer María Elena de Alquiza, a las arras que, es evidente, concertaron con los futuros contrayentes de dos de sus hijas. En efecto, se ha podido constatar el encuentro de dos recibos de dotes, como los de María Bernarda y María de la Encarnación Lezica y Alquiza que recibieron de sus novios. Ellos dieron $3.000 en arras en marzo de 1771, lo que indica que tal cantidad e idéntico mes y año fueron convenidos previamente, para que las novias tuvieran un capital propio en caso de fallecimiento del marido.

Al respecto dice Asunción Lavrin, que era lógico que el Estado y la Iglesia tuvieran por la institución del casamiento un interés prioritario, ejerciendo sobre ella un control tutelar[54], ya que una gran parte del estamento político reposaba en la constitución jurídico-social de su organización. Todo ello más allá de si los contrayentes tuvieron sentimientos que los enlazó espiritualmente con el carisma católico en que habían nacido, que formalizaba con el sacramento del matrimonio las nupcias y, más allá, de si las mismas eran concertadas a través de pactos monetarios que buscaban que la familia de un determinado clan continuara manteniendo el status económico de sus miembros.

En el caso de las mujeres en relación con los vascos ha quedado documentado que hubo dotes de distinta cuantía, prevaleciendo más en algunas que en otras; en esos casos, es posible que los motivos fueran la mejor administración del patrimonio que se preveía llevaría a cabo el nuevo yerno integrante a la familia, a quien le veían aptitud para la administración de una casa. También, es cierto, las dotes para las hijas no siempre tuvieron los mismos montos. Ello se debió a que el patrimonio de los padres cambiaba con el tiempo para mejor o peor, lo que significaba que las últimas hijas en casarse, recibieran mayores posibilidades económicas de dinero o no. Si bien la mayoría de los comerciantes contó con hijos varones, fueron los hijos políticos que ingresaban al clan familiar los que generalmente heredaron la posición económica del padre-comerciante y todo el rol mercantil que conllevaba, lo que ha sido comprobado y aseverado en investigaciones rioplatenses:

Aunque a primera vista no lo parece [la designación y encumbramiento comercial del nuevo pariente político que ingresaba a los núcleos de parentesco] porque el yerno del comerciante tiene otro apellido, gran parte de la continuidad comercial entre las generaciones se mantuvo a través de la línea femenina de las familias mercantiles. Así se establecieron los grandes clanes mercantiles, que fueran de importancia central para la sociedad del Buenos Aires virreinal”[55] .

Las dotes que oscilaron entre más de $4.000 y $6.000, correspondieron a familias con dinero. Muchas veces, no existió en ellas sólo dinero efectivo sino casas, campos, haciendas, joyas, bienes muebles, objetos de arte, esclavos, etc. Las dotes que llegaron a más de $12.000 fueron destacables. Las que sobrepasaron los $20.000 constituyeron las más ricas de la ciudad porteña. Montos superiores a esta cifra existieron en Buenos Aires, pero son contadas.

Existió una dote verdaderamente extraordinaria, si bien no pertenece a las familias vascas, encuadrada en la otorgada a Paula Remón, viuda de Giles o Xiles del siglo XVII, quien al enviudar volvió a casar con Juan Arias de Saavedra. Ella recibió de su familia la suma de $120.000, por consiguiente, se constituyó en una de las mujeres más ricas de su tiempo.

Finalmente, sobresalen otras dos dotes de ascendientes vascos: una, la instituida a María Magdalena de las Carreras por su propia madre, María Josefa de Inda, que alcanzó en diferentes niveles de dinero constante y sonante y, demás bienes, la suma de unos $40.000. Todo ello en cuanto a la estructura civil de la población que necesitaba, como se ha afirmado en otros trabajos, adscribirse a un entorno social concreto representado en la época, mayoritariamente, por un marco español-criollo-religioso de enorme peso en la realidad cotidiana de la colonia.

Cabe destacar que en estos parámetros cotidianos, la administración del monarca fijaba los espacios que correspondían a cada grupo. Así en la sociedad estratificada de la época del último cuarto del siglo XVIII, una ordenanza de 1789 estableció –para jerarquizar aún más la tajante agrupación de clases- tanto en España[56] como en América, que las dotes de mujeres que deseaban casar con militares no podían bajar los $3.000[57]. Ello buscó nivelar social y económicamente a las personas del sexo femenino que integrarían en calidad de cónyuges los clanes de los oficiales del Rey[58]. Y es explícito añadir, que muchas hijas de militares (y de comerciantes) con apellidos vascos, tal como se ha comprobado en las investigaciones, ingresaron en el Monasterio de Santa Catalina de Sena como monjas. Sus padres debieron hacer frente a la dote que ese claustro imponía de $1.500 y $300 para el piso de la celda[59]. Se cuenta con varios ejemplos de monjas catalinas que ingresaron al Convento con $1.500, descendientes de vascos, entre ellas, Sor María Eusebia Gainza (hija legítima del guipuzcoano José Blas de Gainza Mendizábal y de María Teresa Eguía y San Martín) y Gregoria Arregui y Gutiérrez de Paz. Por último vale la pena citar al vasco Gabriel Real de Azúa, que dio en préstamo $2.000 al santanderino Francisco de Escalada para que pagara la dote de una hija, próxima a casar. La dote, sin duda, jugó un papel de gran trascendencia y en éste último caso, mantuvo su efectividad, más allá de si el dinero provenía de un transitorio endeudamiento de su progenitor.


Dotes vinculadas a Virreyes del Río de la Plata. Importante cuantía de las descendientes de comerciantes en Buenos Aires

En esta mención de dotes destacadas, debe agregar la de Ana de Azcuénaga, hermana de Flora de igual apellido[60]. Fallecidos sus padres, Ana recibió de su cuñado, el alavés Gaspar de Santa Coloma, albacea de su padre el importante comerciante Vicente de Azcuénaga, la expectante cantidad de $30.000 en plata y otros $5.000 en ropa y muebles. Ello, en momentos previos a su casamiento con el que sería el futuro Virrey de Buenos Aires Antonio Olaguer Feliú entre 1797-1799. Contrajo enlace el día 2 de junio de 1788 en la Iglesia de San Francisco[61], ante una multitud de personas que se sentían honrados de que una hija de la tierra casara con un funcionario militar del Rey en Buenos Aires. Cabe recordar, asimismo, la información de hidalguía, comentada en un capítulo anterior, que Ana y su familia debieron presentar para lograr concertar el vínculo con el que revestía el cargo de Brigadier General del Ejército Real e Inspector General de las Tropas Virreinales[62].

A su vez, dentro de los altos valores dotales se conoce, en el último cuarto del siglo XVIII, la recibida por el Teniente Coronel Rafael Marqués de Sobremonte (futuro virrey del Río de la Plata entre 1804-1807), al contraer enlace en la Catedral de Buenos Aires el 25-4-1782 con la nieta del portugalujo Antonio de Larrazábal, Juana María de Larrazábal y Quintana[63], por un monto cercano a los $20.000. Las capitulaciones matrimoniales que celebraron sus padres con el que llevaba un título de Castilla, estipularon la suma de $19.178. Sin embargo, diversos problemas se produjeron en la entrega y formalización de la misma[64], lo que representa un aspecto más de lo ocurrido en Buenos Aires con respecto a la dote de descendientes de vascos.


Ejemplificación de Dotes destacadas recibidas por mujeres descendientes de vascos en Buenos Aires

Otro aporte interesante en la integración de dotes está constituido por el hecho de la presencia de la mujer descendiente de vascos que utilizó apellido/s diferente/s al de su/s padre/s, tomando el de la madre o abuelos. Cabe acotar que -por lo general- los estudios mencionan la dote en relación con los apellidos del varón, de tal manera, el ordenamiento de los apellidos de las esposas y la mención de los nombres de los cónyuges presenta abajo un espacio de comprensión diferente al anteriormente citado en el Cuadro N° 1, en donde la guía alfabética se realizó por el orden masculino-vasco.


Cuadro N° 2: Referencias Femeninas

AGUIRRE, María. Dote: $2.600. C.c. Luis Maciel del Aguila. H.l. de Juan Bautista de Aguirre de Guipúzcoa y de Catalina Gutiérrez Humanes Molina.

AGUIRRE MACIEL, Lucía. Dote: $4.080, en 1692. H. de Antonio Aguirre y Lucía Maciel. C.c. Francisco de la Fuente.

ALDUNATE, Micaela. $10.000. C.c. Gabriel Gayoso.

ALMANDÓZ, Ana Jacinta de. Dote: $4.447, el 7-3-1782[65]. H.l. de Francisco Almandoz y de Josefa de Puebla. C.c. Lorenzo García Martínez.

ANGULO PÉREZ MORÁN, Ursula. Dote: $2.500 el 18-5-1645. H.l. de Martín de Angulo y de Francisca Pérez de Luque. C.c. Esteban Ruiz de Sampayo.

ARAMBURU, Agustina. Dote: $1.341. Arras: $300. H.l. de Bartolomé de Aramburu y de María Ruiz de Ocaña. C.c. Matías López.

ARROYO Y ARTEAGA, María. Dote: $5.000 corrientes de a 8 reales en 1689. H.l. de Francisco de Arroyo y Arteaga y de Gregoria Ponce de León. C.m. con el Cap. Luis Antonio Home de Pessoa y Melo.

ARTAFULLA Y DE LA RIVA, Lorenza. Dote: $1.023, aprox. en 1707. H. de Pedro de Artafulla y de la Riva y de Jacinta Agustina de los Reyes. C.c. Bernardino Rodríguez de Agüero.

ASTOR DE IZARRA, Polonia. Dote: $6.970. Arras: $2.000. C.c. Gaspar de Gaete.

ASTUDILLO, Francisca de. Dote: $ 2.200 en 1706. H.l. de Fernando de Astudillo y María Vela Henríquez de Hinojosa.

AVALOS DE MENDOZA-BARRIOS, María. Dote: $4.647 el 23-2-2646, “posiblemente [dada] a su hija…”. H.l. de Mateo de Avalos y de Mendoza y de Lorenza de Barrios; ésta viuda de Agustín Rodríguez de la Guerra.

AVELLANEDA, Agustina. Dote: $10.000 en 1706. Arras: $1.000. H.l. de Gaspar de Avellaneda y de Juana de Labayén. C.c. Antonio de Larrazábal.

AVELLANEDA, Francisca de. Dote: $2.877 en 1715. H.l. de Gaspar de Avellaneda y de Juana Labayén. C.c. Basilio Langlois, nac. en Francia. Otros autores, como Molina, habla de $2.500 y de que era hija del nombrado y de Sabina Labayén y Ponce de León[66].

AVELLANEDA, María Rosa. Dote: $ $8.000 (incluía “notables alhajas”). C.c. Juan de Barragán.

BAZÁN DE TEJEDA, María. $9.000. C.c. Jerónimo Gaete Hurtado.

CALVO Y ARROYO, María Beatriz de.$5.000 en 1689. C.c. Luis Antonio de Pessoa[67].

CASARES, Juana María. $2.000 en 1730. C.c. Alonso Rodríguez de la Peña[68].

ECHALECU Y ENCARA, Juana de. Dote: $450 en géneros de Castilla. C.c. Fermín Pesoa Figueroa. H.l. de Francisco Echalecu y Encara. No figura la madre[69].

GÁMIZ YASCONA, Mariana. Nac. en Pamplona. Dote: $1.455. C.c. Luis Gutiérrez Garcés o Gutiérrez Humanes en 1689. H.l. de Gregorio Gámiz y Arce y de María Ascona[70].

GARRO, Ana María. Dote: $9.105 en 1656. H.l. de Alonso de Garro y Aréchaga y de Mariana de Silva. C.c. Juan del Pozo y Silva.

GUEZALA, María de. C.m. con José de Salinas[71]. Nat. de la ciudad y puerto de Cádiz; éste h.l. de Alonso de Salinas y Valdés y de Beatriz de Tuvias o Ituvias y Arce. C.m. en 1710 “según orden de la Santa Madre Iglesia con María de Guezala, nat. de Bs. As.; h.l. de Pedro de Guezala, de los reinos de España y de Francisca Báez de Labayén “ [h.l. del Cap. Juan Báez de Alpoim y de Sabina Jacinta de Labayén]. Cuando casó tenía un “caudal suyo propio” de $ 5.000 a $ 6.000. Declaró que a su mujer no se le formó carta dotal y que su suegro envió a su esposa algunas alhajas y dos esclavas en razón de lo que le tocaba por la legítima materna. Fue su voluntad entregar a su esposa, en caso de que se pudiera, los $ 500 de arras con que la hubiera dotado si se le hubiera hecho carta dotal.

HERRERA LABAYÉN, Juana. Dote: $9.805 y 6 reales, en 1697. H.l. de Juan de Herrera y Hurtado y de María Labayén[72].

IBARRA; María. $6.000. Criada en casa de Domingo de Ibarra (de Bilbao) y de Elvira Flores y Quiñones. y de CC.c.Juan de Venero.

IZARRA, Polonia: Dote: $6.970, el 11-12-1616 (formada por una estancia en el Pago de la Magdalena en los suburbios de Buenos Aires; joyas, esclavos, ropa, etc.). Arras: 2.000. C.c. Gaspar de Gaete.

IZARRA Y GAETE, Juana. Dote: $8.000. C.c. Diego Sáenz. H.l. de Gaspar de Gaete y de Polonia de Izarra.

LAZCANO, Josefa Gabriela. Dote: $10.000 el 23-6-1785. H.l. de Juan Angel Lazcano y de María Eusebia García de Zúñiga. C.c. Juan José Nuñez Vaamonde.

NARVONA, Juana María. Dote: $14.255. C.m. el 5-2-1741, con Francisco Martín Camacho, H.l. de Juan de Narbona y de María Teresa Robles.

NAVARRO, Inés de las Nieves. Dote: $5.065 el 22-4-1647. C.m. con José de Cabrera y Cervantes.

ORTIZ DE VALENZUELA, María. C.c. Juan Pérez de Godoy. Dote: no se menciona. Resulta interesante lo que el esposo afirmó con respecto a lo que dijo su mujer sobre la dote: “Que doña María se había opuesto a la obligación de la dote, y había hecho mal, <por lo cual y porque la dote, fue en mucha cantidad y yo no tener patrimonio para podérsela dar, por tener como tengo de este segundo matrimonio muchos hijos legítimos [era viudo], no se lo he podido ni se lo puedo pagar, por lo cual mando que si quisiese la dicha mi nieta (Mariana de Figueroa) en el monto que dota la dote que le he dado y entregado>, le devolviese lo que creyera de su derecho[73].

POZO Y GARRO, Francisca. Dote: $15.000 el 22-7-1689. Bautizada en 1667. H.l. Juan del Pozo y Silva y de Ana de Garro. C.m. el 26-7-1689 con Gregorio Matos.

QUINTANA, Mariana de la. Dote: $6.929, el 22-11-1718. Arras: $1.000. H.l. de Baltasar de la Quintana Godoy y María Esquivel y Gutiérrez. C.c. Francisco García Nieto.

QUINTANA, Rosa de la. Casa con Juan Antonio Martín. Dote: $11.000.

QUINTANA Y RIGLOS, Fermina Josefa. Dote: $4.000 el 2-2-1789. C.c. Félix de la Rosa. H.l. de José Ignacio de la Quintana y de Petrona de Aoiz.

QUINTANA Y RIGLOS, María Josefa Cecilia. Dote: $12.868 y 2 reales, en 1756. H.l. de Nicolás de la Quintana y de Leocadia de Riglos. C.c. Domingo de Lajarrota. Capital de él: $44.487.

RENTERÍA, Inés de. Dote: $4.000. C.c. Alvaro de Mercado, nac. en Badajoz.

RUIZ DE OCAÑA, Tomasa. Dote: $5.298, en 1692. C.c. Juan Pozo y Silva Garro. Viuda, c.c. Francisco de Arroyo y Arteaga[74].

SÁNCHEZ CHAPARRO, Francisca. Dote: $2.909 el 21-5-1732. Arras: $500. H.l. de Francisco Sánchez Chaparro y de Josefa Rivilla. C.c. Francisco Antonio de Orebro.

SORARTE, Sabina. Dote: $5.000. C.C. Adrián Pedro Warnes, viudo de Gabriela Zamudio. H.l. de Diego de Sorarte y Juana Baéz de Alpoim.

UCEDO Y BEUNZA, María Francisca. Dote: $ 4.239 y 5 reales. C.c. Tomás de Noceda. H.l. de Tomás de Uceda y de Lucía de Salas y Montalvo.

VELA HINOJOSA HENRÍQUEZ, Ana. Dote: $7.000 el 27-10-1692. H.l. de Jacinto de Vela y de Leonor Henríquez de Guzmán. C.c. Domingo González de Acosta y Sanabria, viudo de Francisca de Marquina, vec. de la Ciudad del Esteco.

VERA MUJICA, María. Dote: $24.000. H.l. del gobernador Antonio de Vera Mujica y Esquivel. C.c. Antonio de Godoy y Ponce de León, viudo de María de Vega y Frías.

ZAMORA, Petrona. Dote: $3.500. Arras: $500 el 31-1-1749. Nac. en Bs.As., h.l. de Juan de Zamora y de Isidoro Hidalgo. C.c. Pablo Antonio López Osornio.

Lo precedente, desde el punto de vista de las dotes mayores de $1.500 recibidas por hijas de vascos y de navarros. En estas nuevas familias se conformó, con el tiempo, un nuevo patrimonio para dotar a las descendientes.


A manera de síntesis

A lo largo del listado se ha estimado cuáles de las dotes fueron más agraciadas con dinero, exceptuando aquí la corroboración de otros bienes o alhajas, esclavos y demás valores que las integraron. Si bien estos últimos valores son fundamentales en la estimación total de las dotes, en una gran cantidad de documentos la falta de valores asignados a casas, tierras, campos, joyas, etc., produjo que, en la ocasión, se realizara la estimación sobre la base única de la cuantía en efectivo.

Se considera que la muestra presentada es representativa de los capitales manejados por vascos y descendientes de éstos durante los siglos XVII-XVIII. El objetivo de observar cuáles fueron las dotes más valiosas del grupo vasco y navarro se vio enriquecido con el relevamiento de las fuentes bibliográficas genealógicas. No fueron extraídas todas las dotes de vascos en Buenos Aires porque ello sería un análisis puntual, que escapa al objetivo del trabajo y el presente espacio; en especial las registradas con valores menores a $1.500. A la fecha no existe una recopilación general de series de dotes para Hispanoamérica y tampoco para Buenos Aires, que permita discernir cuáles fueron las más importantes en cuanto a monto y su otorgamiento real, lo que daría una posibilidad de confrontación destacada. No obstante, el presente aporte brinda, en una primera fase, comprensión acerca del valor de las que se otorgaron. Un sondeo que excede el marco de esta investigación ha permitido corroborar que en el resto de los territorios que hoy constituye la Argentina, no hubo dotes que sobrepasaran a las más altas que se otorgaron en Buenos Aires, citadas. El prestigio social que alcanzaba la familia otorgante y la receptora en el espacio fue tenido en cuenta. Para los novios el status que les otorgaba una destacada dote fue muy importante; desde el punto de vista femenino puede decirse que competían entre sí por la más elevada y, en lo que hace a la población masculina, no hay duda que una candidata con una buena dote fue un partido difícil de rechazar. Todos estos temas comprenden al rol ejercido por los principales comerciantes de Buenos Aires que formaron y constituyeron la clase alta porteña altamente beneficiados por el patrimonio que ingresaba por el lado de la familia de sus novias.

Cabe acotar que en la conformación constante del grupo vasco con el poder local porteño la dote jugó un papel trascendente. Sin dote no había continuidad; sin dote –además de estar significativamente estatuida por la ley y considerada como un beneficio para la mujer y la familia- no existía la posibilidad de que las nuevas parejas –los hijos- proyectaran su destino en la sociedad y, por ende, el de su propio entorno y buen nombre. Se sabe que la administración de la dote fue llevada por el marido; los intereses que derivaban del usufructo de la dote quedaban para el sostén de la familia. También es cierto que varias dotes fueron dilapidadas por los cónyuges y otras fueron mal administradas; en la sección Tribunales del Archivo General de la Nación de Argentina, existen varios reclamos y los consiguientes juicios en los siglos XVII-XVIII.

La cuestión de la dote fue expresamente mencionada en los juicios de separación y en los de nulidad matrimonial. En especial, si la cantidad que había ingresado la novia al momento de contraer nupcias había sido importante. A lo largo de este aporte se ha visto de qué manera la dote fue reclamada por la novia y, también, la que se sacó a su real poseedora y se brindó al navarro Martín de Segura luego de comprobarse el adulterio de su esposa.

No se han tomado como materia de estudio las dotes entregadas a las hijas de pobladores que ingresaron a los conventos, porque existe un trabajo específico al respecto[75]. Una dote de una mujer que entraba a un Monasterio podía alcanzar en Hispanoamérica la alta cifra de $4.000. Para dar una idea, se ha establecido que en Buenos Aires las dotes de las hermanas del Convento de las Catalinas fueron fijadas en $1.500[76]. A la luz de la presente evaluación, puede afirmarse que resultaba más caro –sin duda alguna- dotar a una mujer casadera, especialmente si esta era de la “elite” porteña, que a una dispuesta a ingresar en un Convento, ya que la cifra osciló, en el caso de las monjas catalinas los $1.500; más $300, para el piso de la celda del claustro. Algunas investigaciones han expresado que tan grave como los censos irredimibles eran las dotes que tenían que entregar aquellos “a sus hijas, las monjas, y que nunca volvían al seno de la familia[77].

A lo largo del análisis se agregó la situación de los militares. Muchos de ellos, de origen vasco o de esta procedencia, recibieron de la familia paterna de la novia, el depósito de $3.000, requisito indispensable para que pudieran contraer matrimonio. Como se dijo, ello buscaba nivelar social y económicamente a las personas del sexo femenino que querían establecer relaciones conyugales con los oficiales del Rey.

En las dotes detalladas por la misma autora Socolow para el siglo XVIII en Buenos Aires pudo comprobarse, que una gran mayoría de las más importantes dotes pertenecieron a vascos y a navarros; elemento de juicio que se comparte. Como conclusión, luego del encuentro de 92 dotes recibidas en Buenos Aires entre el período 1650 y 1800, se señalan valores que sobrepasan los $1.000. De éstas, existen 21 dotes que oscilaron entre los $9.000 y los $20.000; otras 12 dotes sobrepasaron los $21.000 y alcanzaron los $30.000 (cantidad realmente destacable). Arriba de $31.000 hubo dos: las recibidas por Francisco Lezica y Alquiza con un monto mayor a $36.000 y en igual situación la otorgada a Félix de Alzaga que ascendió a 38.000. Se sabe que la primera cantidad, por dar un ejemplo, representaba unos 45 sueldos de un funcionario público, estimados en $1.000 por año, en Perú. Para dar mayor idea de valores, el sueldo del gobernador Francisco Bruno de Zavala era de $1.200, al año, “por encima de su sueldo de Capitán (que era de 80 pesos al mes, o 800 pesos al año, después de 54 años de servicio)” [78]. El sueldo de un contador, como Agustín de Labayén al año, era de 35.000 maravedíes, “o sea unos $130[79]; mientras que un funcionario real de alta categoría percibía aproximadamente hasta $1.300 al año; etc. Es importante aclarar para contemplar otros aspectos del valor de la moneda, que en el siglo XVIII un esclavo adulto valía aproximadamente $300, variando el monto de acuerdo al estado de salud. Una niña esclava de 6 años fue cotizada en $95.

En el caso de efectuarse la comparación con montos muy importantes, como los que recibían Ministros de la Audiencia en Lima, que cobraban $5.000 anuales, puede concluirse que la dote de $20.000 de Flora Azcuénaga, representó nueve años de los magníficos haberes obtenidos por dichos burócratas, sin entrar a considerar la de su hermana, Ana de igual apellido, que alcanzó la afortunada suma de $30.000 en efectivo. Esto evidencia uno de los capitales más importantes que circuló en Buenos Aires.

Asimismo, un dato destacable, es que 36 dotes quedaron en manos de un hombre vasco que recibió la dote para administrarla y una mujer –su cónyuge- con igual condición de descendiente de vascos. En igual estado pero de vascos/as con navarros/as existen otras 6 dotes, lo que elevaría las mismas a 42, es decir que cerca de la mitad de las dotes quedaron en manos de un grupo étnico que buscaba su supervivencia y mejor fortuna en Buenos Aires.

Por otro lado, en el listado de mujeres descendientes de vascongados casadas con hombres de procedencia no vasca, se aprecian 45 dotes que fueron recibidas, no ya por el poblador masculino vasco o navarro, sino por sus descendientes mujeres. Por tal motivo, 10 dotes fueron recibidas por hijas de estos habitantes, entre los que se cuentan montos entre $10.000 a $15.000. Las restantes –menores- oscilaron entre los $1.000 hasta los $9.000. Por arriba de estos montos sólo se ubican las expresadas dotes de Ana de Azcuénaga casada con Antonio Olaguer Feliú de $30.000 y la de María Vera y Mujica de $24.000, esposa de Antonio de Godoy y Ponce de León, las que casaron con personas ajenas al grupo vasco propiamente dicho.

Para finalizar, se puede agregar que en los casos de dotes donde la familia paterna traspasaba solares y tiendas de comercio, además de casas de distinto valor, el relevamiento documental no pudo llevarse a cabo. Ello se debió a que no existe una apreciación del valor real del inmueble y, por lo tanto, no es posible transcribir en este apartado escrituras en donde los montos no aparecen determinados; lo mismo ocurre con los objetos de arte, muebles, joyas varias, etc. Consta que muchas de las dotes no quedaron registradas porque no fueron otorgadas con la formalidad que la ley exigía. Otra circunstancia diferente, fue la derivada del valor asignado a un esclavo menor de edad y su valor posterior, cuando alcanzaba –con salud- a servir a sus amos ya adulto. En esta última situación, si los esclavos fallecían, la poseedora de ellos quedaba sin esta parte de la dote.

De lo expresado, se llega a la conclusión de que los capitales de las dotes que fueron protocolizados (concepto que, igualmente, no significa su final acreditación en los haberes de los novios, ya que requiere un estudio puntual), fueron notables. Para una realidad como la bonaerense, el dinero que llevaron las mujeres al matrimonio, no envidió lo acontecido en otras regiones virreinales americanas dependientes de la Metrópoli, según lo que en otros estudios complementarios al presente, se ha podido corroborar[80].


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[1] Cfr.: Antolín López Peláez, El derecho español en sus relaciones con la Iglesia, reed. de la publicación realizada en Madrid, Imprenta de la Hija de Gómez Fuentenebro, en 1909, trae, entre otras, las Leyes de Toro; la Nueva Recopilación; la Novísima Recopilación; el Concilio de Trento, etc. – Asimismo, Biblioteca Digital de Derecho de la Universidad de Sevilla, España: “Aquí comienza la Quarta Partida que fabla de los desposorios et de los casamientos”. Cabe aclarar que la Dote ya existía explicitada en las Leyes romanas, en las visigodas, etc.- La legislación de Alfonso X el Sabio del Siglo XIII, la comenta en Las Partidas.Más tarde, en las Leyes de Toro de 1505, su enunciación siguió estipulada.