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María Verónica Barzola
Buenos Aires, Argentina.
2008-01-15 17:21
Last modified: 2008-01-15 17:23
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Germán Hirigoyen en el Puerto de Productores de Iquitos, Perú.

German Hirigoyen: "Imaginaba que iba a pasar calor, que iba a transpirar, que tomaría mucha agua, que iría a la selva. Fue todo eso multiplicado mil veces"

Germán es bioingeniero. En diciembre de 2007 viajó al Amazonas peruano. En una embarcación se adentró al medio de la selva con una misión clara: colaborar en el diagnostico de la malaria (endémica en esa zona).

¿Qué hace un vasco-argentino en el Amazonas Peruano?
Hace unos años formamos con gente que tambien pertene a la Facultad de Bioingenieria de la UNER una empresa (IST S.A.) y una fundacion (Fundatel). En relación con el Enlace Hispano Americano de Salud e Ingenieros Sin Fronteras, participamos en diversos proyectos de telemedicina para paises en desarrollo y en esta oportunidad el escenario fue el Río Napo, en el amazonas peruano, cerca de la frontera con Colombia y Ecuador, plena selva.

¿Cómo llega la propuesta del viaje?
La propuesta llega desde EHAS para resolver un problema puntual: colaboración al diagnostico de malaria (endémica en esa zona). La propuesta nuestra era probar un sistema prototipo de ayuda al diagnostico de malaria utilizando imágenes de telemicroscopía óptica. Esto fue un desafío importante, dado que las condiciones de la selva son muy especiales, alta temperatura, alta humedad, falta de energía eléctrica, etc. Como base de este desarrollo están los enlaces que previamente hizo EHAS en la zona, a lo largo de 400 km del río Napo. Hay una serie de antenas que conforman una red con un protocolo similar al wifi, con esa red inicialmente se le dio comunicaciones por telefonía IP a zonas totalmente aisladas y sobre esa misma red nosotros pudimos transmitir las imágenes y la información de ayuda al diagnostico.

¿Cuál ha sido el equipaje?
Ropa fuerte para soportar lo agresivo del medio, mangas largas para evitar las quemaduras del sol y sobre todo las picaduras de insectos (como el Anopheles, transmisor de la malaria), sombrero, remeras de algodón, pantalones largos cargo, borceguies de treking, perneras protectoras para ofidios, mochilas de 80 litros, repelente especial, botiquín, antimalaricos, equipos de supervivencia, bolsa de dormir, hamaca, mosquitero, etc etc etc etc etc. En cuanto al equipo técnico llevamos una notebook en una caja metálica especial, un microscopio trinocular con conexión usb, ethernet, video compuesto, etc, y cámaras especiales para adaptar a los oculares de los microscopios existentes en los distintos puestos de salud de la zona.

¿Qué imaginabas antes de llegar?
Imaginaba que iba a pasar calor, imaginaba que iba a transpirar, imaginaba que tomaría mucha agua, imaginaba que iría a la selva. Fue todo eso multiplicado mil veces.

¿Cómo has llegado al medio de la selva?
Desde la ciudad de Paraná (Argentina) viajamos en un transfer privado a Ezeiza, dado que llevábamos mucho equipo. Luego volamos Buenos Aires - Lima, ahí esperamos unas 4 horas y tomamos el vuelo Lima - Iquitos.
Iquitos es la única ciudad del mundo de su tamaño (500 mil hab) que no tiene comunicación por carreteras, solo río y aeropuerto y es la puerta de la selva.
Desde allí, luego de estar 3 días reunidos con la gente del equipo local, organizamos la entrada a la selva. Salimos a las 5:30 de la mañana en motocarros (vehículos clásicos de Iquitos) hacia el puerto de productores. Desde allí 45 minutos en lancha por el Nanay y luego el Amazonas, luego otra vez en motocarro cruzamos una parte de selva hasta el río Napo, 6 horas más de lancha hasta Santa Clotilde. El pueblo (de unos mil habitantes) fue donde hicimos base y desde nos internamos más según los lugares a los que necesitábamos visitar. Estábamos en la selva.

¿Qué te has encontrado?
Me encontré con gente muy agradecida, muy amable, dispuesta siempre a colaborar y ayudarte, muy humildes. Con un paisaje impresionante, en un clima que se cobra hasta tu última gota de agua y que se puede cobrar tu vida también por mínimos errores que pueden ir desde la deshidratación, las víboras, las rayas a las anguilas eléctricas.

¿Qué es lo que más te ha impactado?
Me impacto como la gente vive el día a día. Varios salen a cazar o pescar para comer ese día, te ofrecen comer con ellos, en familia, lo que ellos comen: tortuga, lagarto, sajino, pecari, plátano frito, yuca frita (mandioca)...
Me sorprendió como atienden en los puestos de salud a la gente que llega con las enfermedades más diversas (desde malaria y tuberculosis hasta mordeduras de ofidios o lancetas de rayas o con problemas mínimos) pero siempre con todas las ganas. Fue impactante también ver esas antenas de 90 metros que se alzan en el medio de la selva entregando wifi alimentadas con paneles solares dándole comunicación a gente que sin eso permanece aislada. La forma de moverse solo es por agua, así que cualquier derivación de un puesto de salud de un pequeño poblado tiene que ser programada muy bien y la red colabora a que esto pueda concretarse.  

¿Cuál es el balance del viaje?
Hicimos prueba de ayuda al diagnostico con imágenes de distintos plasmodiums de malaria, tuberculosis, heces, etc, todo con éxito, transmitiéndolas a un experto que podía opinar y colaborar.
También hicimos pruebas transmitiendo imágenes dermicas y de radiografías, todo siempre adaptado al escenario en el que estábamos.
El trabajo fue un éxito y ahora resta la implementación en cada uno de los puestos necesarios desde Tacsha Curaray hasta Cabo Pantoja (frontera con Ecuador) y en el resto de las redes que lo requieran, pero ese será otro viaje!

Más información
Ver imágenes del viaje
Leer el diario de viaje al Amazonas peruano

 





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